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lunes, 25 de noviembre de 2019

El confuso inicio de la Guerra Civil




El otro día una discusión educada (considerando “educada” a una discusión de esas en las que no hace falta empezar a pegarse puñetazos y patadas para dar fuerza a tus argumentos) motivada por la película “Mientras dure la guerra”. El tema de conversación era “los primeros compases de la Guerra Civil”.

Los lectores veteranos recordarán, aunque hace mucho que no hable de ello, que una de las cosas que más me gusta de la Primera Guerra Mundial es el caos y el espíritu de ensayo-error que tienen muchos de los adelantos. Pues si fueran un archivo, los primeros compases de la Guerra Civil  tendrían el nombre “PrimeraGuerraMundial_1.2[no oficial]_SKIDROW_no-cd.rar”. Y muchas comillas estoy utilizando en estos dos primeros párrafos.

Zaragoza, por ejemplo, tiene un par de semanas que no sabe si posicionarse con un bando o con otro porque tiene una posición estratégica… jodidilla. Huesca, a su vez, envía un telegrama cifrado a Zaragoza preguntando si se subleva o qué hace, al más puro estilo de la pregunta “¿Hoy se sale?” que hace el pesao que tiene que haber por ley en todos los grupos de whatsapp.

- Que sí, que yo estoy con la República a tope. Jajaja.
- Cabanellas ¿Es eso un porro?
- Jajaja ¿qué?

domingo, 3 de noviembre de 2019

El agua quiere matarte





El otro día, en plena cena de Halloween con los amigos, alguien mencionó que la sed era el peor enemigo del soldado. Yo me levanté, me puse el abrigo y, antes de marcharme con un portazo grité “por supuesto, porque los soldados no tienen nada que temer de sus grandes amigos inseparables, el Señor Metralla y la Señora bala”.

Estaba en ese momento de iluminación que tienes cuando vas solo en un ascensor, ese momento de introspección personal en el que todo encaja, justo ese. Como soy el dios del sarcasmo, decidí volver a ese cuarto piso a poner las cosas claras de forma ácida y con malevolencia.

Así que volví a llamar al timbre como si fuera un niño pidiendo caramelos. Como si esos niños tuvieran diabetes inversa y necesitaran enormes cantidades de azúcar para vivir un día más. El caso es que cuando se abrió esa puerta fue como si no me hubiera ido, porque es posible que todo el párrafo anterior sólo ocurriera hipotéticamente por motivos narrativos.

Y ahora empieza lo serio. Nunca (e insisto, NUNCA) intentes entrar en razón a un historiador furioso. Empezarán a soltar referencias a libros gordos que sólo han leído ellos y a señalar errores por todas partes. Son animales que no se detienen antes nada y con los que es imposible utilizar argumentos lógicos. Simplemente no razonan.

La ciencia me da la razón.

domingo, 20 de octubre de 2019

¿Es España fascista? (el cuestionario definitivo)




Hace un año escribí sobre por qué no va a ocurrir la “Guerra Civil Española: parte dos” y sigo secundando todas y cada una de las cosas que dije en su momento. Además, podría añadir que la otra noche comprobamos que no había ningún político llamado “Calvo Sotelo” cuyo asesinato fuera el detonante. Nos molestamos en buscarlo en Wikipedia y, efectivamente, Leopoldo Calvo Sotelo había muerto en 2008.

Últimamente estoy oyendo que si esto es fascista, que si España es fascista… y, la verdad, estoy viendo el calificativo “fascista” otorgado con mucha libertad. Y dudo realmente que Pedro Sánchez tenga como libro de cabecera nada escrito por Ramiro Ledesma. Para todos vosotros, para que el mundo entero sepa qué es fascismo y qué es simplemente un régimen paternalista represor, está dedicada este texto.

¡Comenzamos!

- Oye, Benito, no querrás montar un estado fascista o algo así en Italia, ¿no? que tú eres muy pillo.
- Qué va, Señor Chamberlain, si ya sabe que yo soy una persona decente jijijiji.

domingo, 6 de octubre de 2019

La radiación es maravillosa para tu salud





El otro día el señor Aritz López Arrúe me preguntaba con curiosidad si había ya hablado del Revigator en el blog. Podría indignarme y pensar que un fan de verdad lo habría sabido al momento, pero soy comprensivo. Obviamente, y sin una wiki de referencia, es normal perderse en las cientos de entradas que he ido escribiendo en el blog a lo largo de… ¿siete años?

Ay, Dios mío…

Imaginad un recipiente que contenía uranio y radio, en el que tenías que echar agua durante la noche y bebértela por la mañana para hecho un toro. La versión que brilla en la oscuridad del clásico vasito de agua en la mesilla. Si os escandalizaba, deciros que análisis con aparatos modernos encontraron trazas de cosas tan sabrosas y saludables como el arsénico, plomo o vanadio. El pack completo para ser la viva imagen de una salud a prueba de bombas.

"A prueba de bombas" y estamos hablando de cachivaches nucleares ¿lo pilláis? ¿eh? bah, es humor demasiado inteligente para vosotros.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Mientras dure la guerra (el análisis)




Estoy escribiendo esto el jueves, después de haber salido del cine de ver en preestreno “Mientras dure la guerra” y desde el momento en el que me enteré que iba a ver la película rodeado de críticos de cine y señores muy serios en traje, sabía que iba a escribir mi opinión sobre la película. Bueno, y desde que la anunciaron, también.

Los que me lleváis siguiendo un tiempo ya sabéis que soy un brasas que intenta analizar cada gran estreno al que se le llena la boca con la palabra HISTORIA. Algunas películas sí que tienen un sustrato histórico importante y están bien ambientadas, otras están cogidas por pinzas y luego está Dunkerque.

Por fortuna, “Mientras dure la guerra” es de las primeras. Y para mí, historiador especializado en la época en primer lugar y persona obsesionada con la época en segundo lugar, ha sido una delicia. Excepto algunos detalles tontos de ambientación que los más puristas que yo señalarán indignados, la ambientación y el vestuario son muy buenos.

Es de sobras conocida la afición que tiene Alejandro por recrear conocidos memes durante el rodaje de sus películas. En el caso concreto de la fotografía mostrada, el famoso meme de Rick Grimes en "The Walking Dead".

domingo, 22 de septiembre de 2019

Ese convulso mes de septiembre




El once se septiembre ocurrieron un huevo de cosas. Finalizaba la batalla de Teutoburgo, que hacía desaparecer a un par de legiones romanas y empezaba la moda entre bárbaros germanos de llevar equipamiento romano. Ese mismo día es famoso porque hubo un atentado terrorista (o quizá debería decir EL atentado terrorista) en Nueva York y marcó un antes y un después en la historia de Occidente. También un once de septiembre ocurrió nosequé con Cataluña.

Pero hoy no vamos a hablar de nada de eso. En el día de hoy vamos a viajar a 1973, Santiago de Chile.

El inicio de la década de los años setenta había sido durillo para Chile. Sumido en una fuerte convulsión social y una economía “no-demasiado-brillante” el país no era precisamente que digamos un ejemplo de estabilidad, en un subcontinente en el que existe demasiada afición por los gobiernos autocráticos.

Sudamérica: el Marina D'Or de las dictaduras.

domingo, 21 de julio de 2019

Los cuatro días de Nápoles




Creo que todos (y cuando digo “todos” me refiero a “todos los lectores que tengo de España”) sabemos lo que ocurrió el dos de mayo de 1808 en Madrid y como el pueblo español se levantó contra el invasor extranjero ¿verdad? No hace falta que me contestéis, he crecido en la misma cultura que vosotros.

Pero, y ahora viene la pregunta trampa, ¿habéis oído hablar de lo que ocurrió en Nápoles a finales de septiembre de 1943? Espero que no, porque para eso estoy yo aquí, y me estaríais quitando el trabajo.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Italia no fue lo que se dice excesivamente brillante, razón por la cual se rindió a los Aliados el 8 de Septiembre de 1943. Hitler, después de lanzar un enorme suspiró, procedió a invadir y ocupar militarmente a su antiguo aliado. Total, en eso de invadir ya tenía experiencia acumulada.

Con los Aliados llegando a las playas apenas a 50 kilómetros de distancia, los italianos de Nápoles desertaron como no ha desertado nadie nunca. Los alemanes tomaron el control de facto de la ciudad, declararon el estado de sitio y comenzaron a reprimir a aquellos italianos que se opusieron a la ocupación (que en un primer momento fueron los propios militares que no desertaron y el cuerpo de carabineros).

La rebelión tomó por sorpresa a los alemanes, que no se esperaban que los italianos hicieran cosas.

domingo, 16 de junio de 2019

La Crisis de los Misiles





Esta semana vamos a retroceder en el tiempo a una época más fresquita y, aprovechando que aún no es más temporada alta, vamos a viajar a un sitio más tropical. Bienvenidos a octubre de 1962. Bienvenidos a la Guerra Fría. Bienvenidos a la isla de Cuba.

Cuba había experimentado una revolución socialista a mediados de los años cincuenta. La razón era muy fácil: la isla tenía un gobierno corrupto a niveles indignos hasta para países del Caribe, famoso en el siglo XVII por sus corruptos piratas. Básicamente, y para simplificar las cosas, diremos que la burocracia estatal cubana se bajaba los pantalones y dejaba que los estadounidenses tuvieran un buffet libre de lo que quisieran.

Por lo que fuera, a los americanos les molestó que les cerraran las puertas de “Cuba: el parque de atracciones para toda la familia” y empezaron a buscar la manera de volver a la isla. Eso incluía una estupenda lista de actividades como, por ejemplo: bloqueo económico, sabotaje civil y militar, espionaje, propaganda contrarrevolucionaria, intentos de asesinato, fomento de células disidentes y muchas más actividades que no nos caben en el folleto publicitario.

Recordad que un holocausto nuclear puede crear monstruos que te acecharán en sueños durante años.

domingo, 9 de junio de 2019

Ingleses jugando a la guerra





La semana pasada os hablaba de como los alemanes habían inventado los juegos de miniaturas modernos para echar unas batallas con figuritas, cosa que no debería sorprender a nadie porque Alemania ha tenido insignes frikis infiltrados en las altas esferas. Mientras todo el mundo está pendiente del E3, esta semana voy a seguir con el hilo conductor y os voy a contar qué pasó en 1874, en la Universidad de Oxford. Os voy a hablar de juegos analógico porque me gusta ser tan alternativo y contracorriente.

La historia empieza con Herbert George Wells, que mucha gente conocerá como “H. G. Wells”, el autor de obras como, así a bote pronto, La Guerra de los Mundos. Como buen frikazo que era, su etapa en la universidad le permitió entrar en contacto con los juegos de miniaturas. Pese a que en esa época aun no era famoso y su economía no era mejor, pudo jugar con miniaturas. Después de todo, Games Workshop y sus precios aun no existían en Inglaterra.

Wells aprovechando que es un adulto independiente para liarla parda en su salón con muñequitos.

domingo, 2 de junio de 2019

Alemanes jugando a la guerra





¿Os acordáis cuando no tenía ni idea de cómo abordar mi blog y hablada de todo un poco? Sinceramente, espero que no. Cuando esto era un blog personal, de mi día a día, alguna vez hablé de miniaturas porque pintar miniaturas es una de mis aficiones. Aunque, para ser honrados, debería admitir que soy más partidario de montar, pintar y acumular que de jugar (para desesperación de mis amigos que juegan).

Los juegos de miniaturas han existido desde la Antigüedad. El juego chino go o el ajedrez son ambos una muestra de esos primeros juegos de miniaturas que tenían representaciones simbólicas y reglas abstractas… que, bueno, si tienes nociones básicas de ajedrez ya sabrás a lo que me refiero porque a nadie le resulta extraño que una torre se mueva en línea recta.

Tal y como los conocemos hoy en día, con miniaturas que representan y tienen reglas acorde a lo que son, surgen en el [suspiro] siglo XIX y a nadie le sorprenderá saber que fue en Alemania. El país ese que ama la guerra y que inició dos Guerras Mundiales*. Sí, ese. Menuda sorpresa ¿verdad?

Cuidado, es el Señor Games Workshop. Disimulad un poco para que nos meta una demanda.

domingo, 12 de mayo de 2019

El Cinco de mayo




Resulta que, según las estadísticas que me proporciona Google, tengo un importante número de seguidores que me leen desde América del Sur. Supongo que es por eso de compartir lengua común, que abre muchas puertas. Mi departamento de marketing me ha sugerido que deje de hablar de mierdas sobre la Historia de España que no interesan a nadie y empiece a hablar de cosas que interesen a esos lectores iberoamericanos. Y voy a empezar despacito y por lo básico.

México es un país encantador. Tiene narcotraficantes, comida muy picante y una tradición revolucionaria tan extensa que el Partido Revolucionario es el garante de que el statu quo se conserve inalterado. Y podría seguir tirando de tópicos un buen rato sin que se me acabaran, que aún no he mencionado cosas como mariachis y todo eso.

El Cinco de Mayo se suele confundir con la fiesta de la Independencia de México, pero no son cosas ni remotamente parecidas. Para empezar, la independencia de España se celebra el dieciséis de septiembre con el Grito de Dolores, que poco tiene que ver con el sufrimiento físico y mucho tiene que ver con el municipio de Dolores (Guanajuato). Podríamos advertir la importancia de las mayúsculas en el texto escrito porque no es lo mismo “Grito de Dolores” que “grito de dolores” o, incluso “grito de Dolores”.

Espero que nadie me recrimine recurrir a tópicos cuando el propio Google me ofrece esta imagen cuando busco en Google Imágenes.

domingo, 5 de mayo de 2019

Los cuentos tradicionales




Hubo una época en la que los cuentos populares eran novelas negras para gente que aún no había entrado en la pubertad. No eran historias para que los niños disfrutaran con una sonrisa. La idea era que los niños de la época, más que modelos a imitar cuando fueran mayores, tuvieran un catálogo de cómo comportarse si querían una muerte truculenta.

Me acuerdo cuando era un crío que tenía un pequeño libro en el que se recogían, en apenas cuatro o cinco páginas, cuentos tradicionales de Perrault o los hermanos Grimm. Recuerdo lo mucho que odiaba ese libro porque los cuentos que recogía estaban mal: había sufrimiento y sangre, y no se parecían en nada a los cuentos de Disney que veía en la tele. Lo que hace la infancia, amigos.

Os voy a hablar de una época anterior a que Disney blanqueara todos y cada uno de los cuentos con los que nuestros antepasados adoctrinaban a los niños a la hora de dormir. Una época donde no se conocía el concepto de “explotación infantil” y los niños tenían que levantarse al alba para ir a trabajar a las fábricas. Un siglo que yo odio con toda mi alma, pero no por la mano de obra infantil precisamente… ¡Bienvenidos al SIGLO XIX!

¡Mirad todas las razones por las que el Siglo XIX merece ser recordado!

domingo, 28 de abril de 2019

45 anos da Revolução dos Cravos




Esta semana os voy a hablar del vecino feo de España. No, aunque sea una definición bastante ajustada a la realidad, no me estoy refiriendo a Gibraltar. Me estoy refiriendo, de manera totalmente injusta y sesgada, a nuestro suministrador de toallas por excelencia: Portugal. Y sí, he puesto el título en portugués simplemente para darme el gustazo de escribir "45 anos". Humor adulto para gente inteligente.

Nuestro país vecino y amigo, famoso por sus mujeres con exquisito bello facial, no se diferenciaba mucho del resto de la Península Ibérica. También tenía un gobierno autoritario que duró cuatro décadas y se basaba en la autarquía, sin industria especialmente desarrollada, tenías unas élites políticas envejecidas y poseía una posición colonial cada vez más debilitada. ¿Os suena de algo? ¿Cómo que paralelismos con España? No sé de lo que me habla, caballero.

Portugal poseía desde 1932 a Antonio Oliveira Salazar como jefe del gobierno. El Estado Novo, un régimen político nacionalista corporativo que, para simplificar, vamos a decir que era una especie de “fascismo a la portuguesa”. Salazar fue el mandamás hasta 1970, lo que significa que en dicho año Portugal estaba mandado por un abuelete de 81 años bastante autoritario y con mala leche.

Puede que a muchos les sorprenda, pero a la izquierda de España hay una especie de "Galicia del sur".

domingo, 21 de abril de 2019

Barbacoa en el tejado de Notre Dame





El pasado lunes 15 de abril de 2019 se quemó Notre Dame de París. Pongo el año porque a saber cuándo estás leyendo esto y no es cuestión de ir alarmando a la pobre gente de internet OTRA VEZ.

Estaba en casa de unos amigos viendo en directo, gracias a las maravillas de internet, como se quemaba en directo la catedral. La televisión francesa estaba conmocionada y, aunque mi nivel de francés es “os he prepagado una sena de pigcoteo” mi amiga es prácticamente bilingüe y nos iba traduciendo lo que decían los gabachos.

La humareda de las llamas era estremecedora, casi hipnótica. ¿Sabéis cuando conduces despacio con el coche al pasar por un accidente de tráfico para ver si puedes distinguir los heridos, por puro morbo? Pues el incendio de Notre Dame era el equivalente cultural de ese accidente. Gore para historiadores.

Y no puedo evitar acordarme las veces que he defendido la Edad Media poniendo de ejemplo precisamente a la robusta construcción de la catedral de Notre Dame. Medievales hijos de puta ¿por qué me dejáis en evidencia cuando os estoy defendiendo? Llega un fuego de nada y se quema todo el tejado. Pero el andamio que pusieron hace unas semanas bien que sigue en su sitio.

Vuelvan a sus casas tranquilos, Notre Dame está a salvo en un juego tremendamente mediocre.

domingo, 24 de marzo de 2019

Urbanismo cutre. Hoy: Begich Towers.





Hasta ahora, las entregas de Urbanismo Cutre se basaban en asentamiento humanos que no molaban. No es una tarea difícil, muchas de las ciudades en las que habitamos han perdido la escala humana y han crecido sin control añadiendo más y más barrios residenciales en función del precio del suelo.

Por otro lado, las ciudades más antiguas desconocían la planificación y construían al tuntún, sin importar el bienestar de los ciudadanos de la propia ciudad. Ni calles bonitas, ni garantías sanitarias, ni comodidades frívolas. Probablemente los expertos en urbanismo de la época creían que un burro muerto era el mejor complemento para una calle embarrada. Luego que había plagas.

Había hablado de ciudades concretas en el que el los principios urbanísticos eran cutres, como Barcelona o Çatal Höyük. También había hablado de cómo La Corbusier había abierto los infiernos de los que habían salido horribles bloques de piso grises. Pero hasta el día de hoy, no había hablado de urbanismo cutre a estos niveles.

Begich Towers: pueblo mediocre, sociedad distópica excelente.

Begich Towers es un pueblo de Alaska que básicamente es un edificio. Todo el pueblo condensado en un bloque de apartamentos de hormigón. Minimalismo a tope. Aunque en realidad, tengo que reconocer ahora que estamos en petit comité que todo lo que diga aquí está escrito desde la envidia más profunda, porque no hay nada que odie más que salir de mi casa a comprar.

Alaska es el Teruel de Norteamérica. Por lo del frío y por eso de que nadie vive allí voluntariamente; por lo de los Amantes de Teruel, no. Recalco eso último. Begich Towers tiene una latitud superior a Moscú, Estocolmo o San Peterburgo (Leningrado), así que haceros una idea del frío que debe haber en enero. Además,  se trata de una zona de clima oceánico subpolar, con lo que se junta lo mejor de cada casa: la enorme humedad del clima oceánico con el frío del clima polar. La traducción para los que no entienden de climas es: mucha lluvia fría en verano y nieve hasta un quinto piso en invierno.

Vista del paisaje desde el piso 2 de Begich Towers un 2 de enero.

Para comprender que hace un edificio de catorce plantas ahí, en mitad de la nada más absoluta, hay que remontarse al final de la Segunda Guerra Mundial. A algún iluminado se le ocurrió que era una buena idea tener un depósito naval en la zona, por lo que se empezó a construir un complejo militar para dar apoyo a la flota. Si me preguntan a mí, para parar una invasión rusa lo que tendrían que hacer es hacerse fuertes en el sur, donde hace calor y tienen temperaturas a las que no están acostumbrados. Error gordo es fortificar el nevado norte, donde son capaces de estar desnudos, solo con una botella de vodka puesta.

El caso es que los altos mandos estadounidenses pensaron algo parecido a lo que acabo de expresar, porque el complejo militar nunca se construyó. Después de que un pequeño tsunami afectara a la zona en los años 60, el ejército perdió el interés en la base que estaba construyendo. Antes de que la Guerra Fría acabara, la zona de Whittier (que es donde se sitúa Begich Towers) numerosas personas relacionadas (pero no dentro) del ejército ya estaban asentadas en la zona. Begich Towers ya era eminentemente civil.

Para los que no saben inglés, traduciré lo que pone: "ATENCIÓN. Vault-Tec no les recomienda que salgan afuera. El mundo exterior da miedo. Gracias.".

No os voy a hablar del urbanismo que rodea el edificio porque es demasiado sencillo: una carretera que divide todo, coches aparcados a la izquierda y una especie de trasteros decadentes a la derecha. Si miráis Google Maps podréis ver que es un escenario postapocaliptico en el que todo parece abandonado, oxidado o embarrado… o cualquier combinación creativa de las tres cosas a la vez.

Me da igual lo perfecta que sea la vida interior. Me da igual que Begich Towers tenga una comisaria, oficina de correos, hotel, hospital, iglesia y vete tú a saber qué más perfectamente integrados en el edificio. Me da igual todo. Como si el presidente de comunidad es además el alcalde. Por su minimalismo cochambroso me gustaría otorgar el galardón “Urbanismo cutre” al edificio Begich Towers: no es que sea una ciudad mal hecha, es que es la máxima definición de una ciudad cutre, en todos los sentidos.

Va a ser difícil de superar.

domingo, 3 de febrero de 2019

Y después de la Primera Guerra Mundial, ¿qué?




En 2014 pensé “este año es el centenario de la Primera Guerra Mundial, habrá que escribir algo al respecto”. En mi mente iba a aprovechar los siguientes cuatro años hablándoos de cosas pintorescas de la Primera Guerra Mundial. Pues bien, hemos llegado a 2019 y aquí estamos.

Oficialmente, el centenario de la Primera Guerra Mundial ya ha acabado. Si un mago  te enviara exactamente 100 años el pasado, llegarías tres meses después de que acabara. Llegarías lo suficientemente tarde como para que las celebraciones de la victoria se hubieran acabado.

Si tienes la suerte de aparecer en Francia, el mayor problema es que después de tres meses, la copa de champán ya se te habría quedado sin burbujas. Si, por el contrario, acabaras en los antiguos Imperios Centrales (el alemán, el austrohúngaro, el ruso y el otomano) las brechas que verías en la sociedad serían más profundas.

La ruptura más dramática se vería en Rusia, que sufriría una revolución interna. Pero países como Italia tampoco quedaron demasiado “cuerdos” y el mal rato que pasaron combatiendo en las trincheras les hizo un pelín nacionalistas y creyendo que las democracias eran sistemas políticos para debiluchos. Lo que al final acabaría traducido en que Italia y Alemania agarrarían tan fuerte el fascismo como para cortarse la circulación en las manos.

Un rebaño de ingleses es conducido por un pastor alemán.

domingo, 11 de noviembre de 2018

La carrera de las galaxias





Corría el final de la Segunda Guerra Mundial cuando las diferentes potencias que estaban montando una fiesta en el patio trasero de Alemania se dieron cuenta de una cosa: nadie había traído cervezas. También encontraron un montón de investigaciones sobre motores a propulsión, pero no comprendían como esos motores a propulsión podían traerles las cervezas que les faltaban.

El caso es que como Alemania ya había sido derrotada, había que  buscar una excusa para llevarse mal. El nazismo estaba derrotado, y las superpotencias elevaron implorantes sus ojos al cielo… y lo comprendieron. La causa de discordia durante las siguientes décadas sería esa, ver quién se daba antes un garbeo por el cielo.

Por ello, Estados Unidos y la Unión Soviética (y, recordemos, también Zambia) empezaron una carrera a contrarreloj por ver quien subía más alto. La competición empezó fuerte cuando uno de los primeros soldados en entrar en el recién ocupado Berlín cogió una silla y se subió de puntillas encima de ella.

Porque no hay nada como querer enviar un bombazo bien grande a unos miles de kilómetros de tus fronteras (o a una isla especialmente difícil de invadir) para empezar a dejar volar tu imaginación. Literalmente, los cohetes V-2 son el abuelo de los cohetes espaciales actuales, y mientras la paranoia de la Guerra Fría se extendía, alguien pensó “oye, si puedo meterle una bomba, puedo meterle cualquier cosa”.

Pero el logro más impresionante es leer como los astronautas del Apolo 10 hablaban de que había un ñordo flotando en mitad la nave espacial (página 414 y siguientes del documento).

domingo, 14 de octubre de 2018

Breve historia de Polonia




Polonia, como el país que conocemos, surge en la Primera Guerra Mundial con la finalidad de incordiar. Esto es así, pero la Sociedad de Naciones no quiere que lo sepas.

Pero en la zona en la que está hoy ese país, hubo otras naciones históricas importantes.
Al contrario que toda la zona del Mediterráneo, que fue exhaustivamente cartografiada por griegos y romanos, del Báltico se tiene mucha menos información. Y casi siempre es de la mano de la arqueología porque testimonio escrito tenemos poco hasta que no aparece el cristianismo por allí arriba en torno al año 1000.

Si hacemos caso a los arqueólogos, desde la caída del Imperio Romano hasta el comienzo de la Edad Media, hubo pocos asentamientos en la zona. Hay que tener en cuenta que esto es muchos siglos antes a 1939, época en la que Polonia es deseada por casi todo país relevante para la Segunda Guerra Mundial.

El caso es que podríamos considerar ciudades-estado a esos primeros proto-polacos, de una forma similar a lo que había en Grecia, solo que mucho más aburrido. Alrededor del año 1000 Polonia empieza a ser católica y empieza a haber más información, y por ello conocemos los tejemanejes de los primeros gobernadores del Ducado de Polonia.

El primer emblema de Polonia se supone que es un águila blanca, pero yo ahí veo un primer esbozo del logo comercial de Gallina Blanca.

domingo, 7 de octubre de 2018

El nazismo es chachi





Ya lo dije cuando hablaba de lo buena que era la serie “El Ministerio del tiempo”: los nazis venden.
En nazismo tiene un nosequé que lo hace atractivo, pese a significar lo que signifique en cuanto a pensamiento político. No me refiero a que hay que correr a hacerse militante en la oficina de la NSDAP más cercana, sino que cualquier cosa a la que le pongas nazis, gana enteros. Ahí tienes las tropecientas películas, libros y videojuegos que se han hecho mezclando nazis con las cosas más peregrinas.

Quizá sean los trajes de Hugo Boss o quizá sea que la cultura occidental ha tenido en el nazismo un recurso seguro. ¿Qué el némesis no era lo suficientemente malo? Hagámoslo nazi ¿Qué había que dar un pasado oscuro a alguna organización? Era una organización nazi ¿Cómo justificamos tal o cual cosa? Nazismo, por supuesto.  Pero ¿Cómo hemos llegado a esto?

En la década de los años 20 y, en menor medida, en los 30, el fascismo era el sistema político más popular en Europa. Mussolini era visto como un modernizador y un personaje carismático en el que muchos querían reflejarse. Pero a mediados de los años 30 Hitler volvió oscuro ese magnetismo que había tenido el fascismo.

En los años 40 Mussolini se dedicó a abofetear niños, y eso le hizo bajar en popularidad.