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lunes, 27 de mayo de 2019

Urbanismo cutre. Hoy: Madrid





A lo mejor soy yo, que estoy escribiendo esto una noche electoral y estoy teniendo un deja-vu de hace un par de semanas, pero estoy casi seguro que ha pasado ya un tiempo que dije un par de verdades como puños sobre Barcelona. Y, visto que la afluencia de turistas no ha caído a mínimos históricos, puedo proseguir con mi cruzada personal para hundir la tasa de turismo de mi país.

Hoy voy a hablar de la capital de las Españas, la Villa y Corte, la ciudad de la boina negra perpetua... niños, pedid a vuestros progenitores que no visiten ese pozo de maldad que es Madrid.

Al contrario que otras ciudades de mayor confianza y gusto estético, Madrid no tiene constancia de asentamiento humano estable hasta la invasión islámica. Si nos ponemos puntillosos hay constancia de restos de actividad humana, pero encontrar unas piedras de sílex en el término municipal no son base para decir que Madrid tuvo poblamiento prehistórico.

Madrid en hora punta durante la Antigüedad.

domingo, 24 de marzo de 2019

Urbanismo cutre. Hoy: Begich Towers.





Hasta ahora, las entregas de Urbanismo Cutre se basaban en asentamiento humanos que no molaban. No es una tarea difícil, muchas de las ciudades en las que habitamos han perdido la escala humana y han crecido sin control añadiendo más y más barrios residenciales en función del precio del suelo.

Por otro lado, las ciudades más antiguas desconocían la planificación y construían al tuntún, sin importar el bienestar de los ciudadanos de la propia ciudad. Ni calles bonitas, ni garantías sanitarias, ni comodidades frívolas. Probablemente los expertos en urbanismo de la época creían que un burro muerto era el mejor complemento para una calle embarrada. Luego que había plagas.

Había hablado de ciudades concretas en el que el los principios urbanísticos eran cutres, como Barcelona o Çatal Höyük. También había hablado de cómo La Corbusier había abierto los infiernos de los que habían salido horribles bloques de piso grises. Pero hasta el día de hoy, no había hablado de urbanismo cutre a estos niveles.

Begich Towers: pueblo mediocre, sociedad distópica excelente.

Begich Towers es un pueblo de Alaska que básicamente es un edificio. Todo el pueblo condensado en un bloque de apartamentos de hormigón. Minimalismo a tope. Aunque en realidad, tengo que reconocer ahora que estamos en petit comité que todo lo que diga aquí está escrito desde la envidia más profunda, porque no hay nada que odie más que salir de mi casa a comprar.

Alaska es el Teruel de Norteamérica. Por lo del frío y por eso de que nadie vive allí voluntariamente; por lo de los Amantes de Teruel, no. Recalco eso último. Begich Towers tiene una latitud superior a Moscú, Estocolmo o San Peterburgo (Leningrado), así que haceros una idea del frío que debe haber en enero. Además,  se trata de una zona de clima oceánico subpolar, con lo que se junta lo mejor de cada casa: la enorme humedad del clima oceánico con el frío del clima polar. La traducción para los que no entienden de climas es: mucha lluvia fría en verano y nieve hasta un quinto piso en invierno.

Vista del paisaje desde el piso 2 de Begich Towers un 2 de enero.

Para comprender que hace un edificio de catorce plantas ahí, en mitad de la nada más absoluta, hay que remontarse al final de la Segunda Guerra Mundial. A algún iluminado se le ocurrió que era una buena idea tener un depósito naval en la zona, por lo que se empezó a construir un complejo militar para dar apoyo a la flota. Si me preguntan a mí, para parar una invasión rusa lo que tendrían que hacer es hacerse fuertes en el sur, donde hace calor y tienen temperaturas a las que no están acostumbrados. Error gordo es fortificar el nevado norte, donde son capaces de estar desnudos, solo con una botella de vodka puesta.

El caso es que los altos mandos estadounidenses pensaron algo parecido a lo que acabo de expresar, porque el complejo militar nunca se construyó. Después de que un pequeño tsunami afectara a la zona en los años 60, el ejército perdió el interés en la base que estaba construyendo. Antes de que la Guerra Fría acabara, la zona de Whittier (que es donde se sitúa Begich Towers) numerosas personas relacionadas (pero no dentro) del ejército ya estaban asentadas en la zona. Begich Towers ya era eminentemente civil.

Para los que no saben inglés, traduciré lo que pone: "ATENCIÓN. Vault-Tec no les recomienda que salgan afuera. El mundo exterior da miedo. Gracias.".

No os voy a hablar del urbanismo que rodea el edificio porque es demasiado sencillo: una carretera que divide todo, coches aparcados a la izquierda y una especie de trasteros decadentes a la derecha. Si miráis Google Maps podréis ver que es un escenario postapocaliptico en el que todo parece abandonado, oxidado o embarrado… o cualquier combinación creativa de las tres cosas a la vez.

Me da igual lo perfecta que sea la vida interior. Me da igual que Begich Towers tenga una comisaria, oficina de correos, hotel, hospital, iglesia y vete tú a saber qué más perfectamente integrados en el edificio. Me da igual todo. Como si el presidente de comunidad es además el alcalde. Por su minimalismo cochambroso me gustaría otorgar el galardón “Urbanismo cutre” al edificio Begich Towers: no es que sea una ciudad mal hecha, es que es la máxima definición de una ciudad cutre, en todos los sentidos.

Va a ser difícil de superar.

domingo, 26 de agosto de 2018

Urbanismo cutre. Hoy: Zaragoza




[Entra por la puerta con una maleta, bermudas conjuntadas con chancletas, camisa con estampados florales y gafas de sol]

-          ¡Hola a todos!

No  me he ido a ningún sitio de vacaciones. Verano de aire acondicionado, de ir en calzoncillos por casa y de tener el congelador a reventar de diferentes helados. Siento decepcionaros, pero mi vida no tiene el glamour que se pueda presuponer. La parte buena es que he podido disfrutar del urbanismo cutre de Zaragoza.

Zaragoza tiene la suerte de no ser Barcelona (por lo cual respiro aliviado), pero tampoco es la ciudad perfecta. Parece ser que Zaragoza lleva siendo habitada desde hace la tira de tiempo, y que a finales de la Edad del Bronce ya debía haber gente disfrutando del cierzo a las orillas del Ebro, pero poblamiento urbano propiamente dicho no hubo hasta que Plinio el Viejo nos menciona una ciudad ibérica llamada Salduie.

Esto quiere decir que la ciudad de Salduie probablemente fueran cuatro casas mal levantadas en las que vivían sus correspondientes iberos. No me atrevo a presuponer que existía el típico bar multifunción que hay en todos los pueblos pequeños que hace también las funciones de supermercado, centro de reunión y papelería. A lo mejor sería dar demasiada importancia a Salduie en ese momento porque había poblaciones mucho más importantes, como Celsa o Azaila.

La imponente ciudad de Salduie, a orillas del Ebro.

domingo, 11 de marzo de 2018

Urbanismo cutre. Hoy: Barcelona.




A ver, os tengo que confesar una cosa: odio las grandes ciudades. Madrid o Barcelona me parecen ciudades que han perdido las proporciones humanas y, por tanto, se han deshumanizado. La ciudad no sirve al hombre, sino que es el hombre el que muere al palo de la ciudad: grandes distancias, trayectos eternos, contaminación, sobrepoblación…

Vamos, que soy un tío de provincias, y estoy orgulloso de ello.

“Pero tío, si en Madrid tenemos todo lo que queremos” quedáoslo. De verdad, no me interesa Madrid más allá de ir al Prado y a un par de sitios más. Este es mi consejo: Madrid tres días máximo, independientemente que “los mejores [inserte aquí lo que sea] se encuentran en Madrid”.

Pero por lo menos Madrid no tiene el calor pegajoso que tiene Barcelona. La proximidad al mar hace que prefiera que me abran la cabeza con una piedra y me extirpen el cerebro sin anestesia con una cucharilla para helado a tener que viajar a la Ciudad Condal. Es un calor que te hace estar cansado sin haberte levantado de la cama y una humedad que convierte tu capacidad cognitiva en algo pastoso y lento.

Yo aquí leo "Romperte una pierna vs. romperte un brazo".

domingo, 15 de octubre de 2017

Urbanismo cutre. Hoy: Le Corbusier.



La entrada de esta semana empieza como otras muchas entradas de este blog: con el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Media Europa estaba afectada por la guerra y la otra media estaba DEVASTADA por la guerra. Había que reconstruir un montón de casas para que los supervivientes tuvieran un techo sobre sus cabezas (a veces literalmente) y hubo quien pensó “hey, ¿y si aprovechamos para experimentar?”.

Esa misma pregunta, que podría formularse perfectamente una madrugada de especial desfase erótico-alcohólico, es la que se hicieron los arquitectos del momento. Presumiblemente, obviando la parte erótico-alcohólica y centrándose solamente en la arquitectura.

Disponibles solares urbanizables muy económicos. Preguntad por la ciudad de Colonia.

domingo, 25 de junio de 2017

Urbanismo cutre. Hoy: Çatal Höyük



Me he dado cuenta de lo poco que hablo de prehistoria en este blog. Hablo tan poco que ni siquiera tengo etiqueta como tienen la Edad Antigua, la Media, la Moderna o la Contemporánea. También puede ser por lo mucho que odio la Prehistoria, como ha quedado patente en entradas como esta.

Pero voy a crear una etiqueta para utilizarla cuando me den ganas de vestirme con pieles y golpear piedras. Así que cuando estéis leyendo esto, ya nada importará porque habré creado la etiqueta “Prehistoria”. Así que la información que estás leyendo ahora mismo ya está desfasada.

Lo único que puedo salvar de la Prehistoria es la Protohistoria. Esa época en la que ya hay sociedades sedentarias y más o menos refinadas, con los primeros aparatos estatales sustituyendo a las antiguas formas de sociedad tribal. Esos momentos en los que ya hay indicios de escritura pero se mantiene un espíritu esencialmente oral. Esa época de transición entre golpear piedras en una cueva y los faraones, para que nos entendamos.

Según Google esto es Protohistoria. ¿quién soy yo para contradecir al todopoderoso Google?