Es difícil saber si ya has hablado de algo cuando
llevas ya siete años escribiendo un blog pero, en el hipotético caso de que ya
haya hablado por aquí del protoestado, haremos ambos como que nunca ha
ocurrido. Será nuestro pequeño secretillo.
La Prehistoria tiene muchas cosas y, como todo el
mundo sabe, son todas malas. En su desesperado intento de avanzar en el tiempo
y alejarse del asco que daba vivir en cuevas y vestirse con pieles (por no
hablar de que el único y más avanzado pasatiempo era golpear piedras de sílex a
ver qué salía), las comunidades se asentaron definitivamente en territorios.
Se asentaron de la misma forma que yo me asiento
delante del ordenador: eternamente, porque eran unos vagos. Aunque expertos
mucho más expertos que yo dicen que pudo ser la agricultura, me gustaría
imaginarme a la primera persona que pensó que perseguir presas y forrajear
estaba sobrevalorado, que prefería cultivar sus propias hortalizas porque no
intentan huir.
Los primeros agricultores básicamente eran hippies demasiados vagos para moverse con sus comunidades de cazadores-recolectores.







