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domingo, 24 de mayo de 2020

Venga, pongamos fin a mi primera cuarentena




Esta será la última actualización que escriba sobre la pandemia. Este será el último fin de semana que leeréis sobre el confinamiento antes de volver a la nueva normalidad en este blog. Si me veo obligado a salir de casa a hacer cosas de persona adulta, es que la enfermedad ya ha terminado, y por lo tanto no tiene sentido que siga escribiendo sobre algo que no existe. Como, por ejemplo, los Tarte- [se lo llevan a rastras mientras grita y patalea].

Según el esquema que tengo aquí apuntado en un trozo de papel apenas usado, tengo que hablar de cómo la lían los madrileños. Así que empecemos por hablar de cómo le diseñas a un madrileño una fase especial (la pase 0,5) porque no le puedes pasar a la fase 1 pero se está poniendo muy pesado con eso de salir de la fase 0.

Pero es que le das un poquito de libertad y te montan una manifestación en coche (¡en coche!) por el centro de la ciudad. Como si echaran de menos la boina negra de contaminación que tiene siempre la ciudad y se esforzaran muchísimo en recuperarla cuanto antes después de que el aire se hiciera respirable porque durante el confinamiento nadie se movía de casa. No como ahora, que estamos a punto de entrar en la fase 2 y la calle parece un hormiguero.

La manifestación era algo así pero con menos bailes y más banderas de España.

domingo, 17 de mayo de 2020

Espera, que a lo mejor hay una posibilidad de que se alargue mi primera cuarentena




Es una pena que, después de saber que la fauna había invadido las calles y parques que antes estaban reservados a los humanos, ahora cuando pueda salir lo máximo que pueda ver es un perro paseando sin correa. Me esperaba algo más interesante, que como diría el doctor Ian Malcom, “la vida se abre camino”, siempre. Solo que a mí me ha tocado ver como se abre camino las formas de vida más anodinas del mundo.

Me he dado cuenta que, definitivamente, la era de los aplausos en el balcón a las 20:00 ha terminado. Las verbenas vecinales han tocado a su fin y, aunque ya no molestan tanto, es curioso cómo se han olvidado de todo el espíritu absurdamente optimista y buenrollista de principios de la pandemia.
Pero el dar las gracias a los sanitarios, el dejar de hacer la compra para los vecinos ancianos, no ha acabado por desgaste o por llevar dos meses confinados, no. Ha acabado porque ahora ya podemos salir libremente a la calle. Ya es oficial, la Fase 1 ha matado la gratitud y ahora volvemos a barrer cada uno para su lado.

El coronavirus cambió todo, pero solamente por unos meses. Justo el mismo tiempo que pasamos con miedo hasta que vimos que no nos contagiábamos. Ese fue el momento en el que la gente dejó de estar encerrada en sus casas y empezó a comportarse como se la sudara todo.

Los balcones han vuelto al principal uso para el que fueron diseñados: seducir y matar guiris borrachos.

domingo, 10 de mayo de 2020

Rebañando los últimos días de mi primera cuarentena




La nueva normalidad se parece mucho a la vieja ¿eh? se parece dolorosamente a la vieja. Veo a gente paseando de la mano, niños jugando en la calle, niños corriendo en la calle y, como vivo en un pueblo, tengo que estar diciendo cada dos por tres “¡distancia de seguridad!” a toda la gente que viene a darme dos besos.

Lo cierto es que ahora que la gente está en la calle, los aplausos en los balcones ya no son tan importantes. Cuando puedes pasear el espacio abierto que era el balcón te resulta pequeño. Y cuando puedes hacer vida normal parece que lo de aplaudir a los sanitarios como que ya es cosa del pasado y que ya no lo necesitas como excusa para tener contacto humano.

Ahora que ya podemos salir a la calle, los perros ya han dejado de ser objeto codiciado.

domingo, 3 de mayo de 2020

Puede que se esté acabando mi primera cuarentena




Parece que esta será la última o penúltima entrada de cuarentena que vais a leer. Han sido unas semanas muy bonitas, he tenido muchas esperanzas de poder salir a saquear y sembrar el terror, pero se ha hecho lo que se ha podido. La lista de tiendas y objetos que quería robar mientras durara el caos no ha podido ser completada, pero se quedará guardada en el cajón de los planes futuros, esperando a la siguiente pandemia.

Es indignante que empezara la cuarentena con abrigo largo y ahora esté escribiendo esto en calzoncillos, porque hace demasiado calor al lado del ordenador. Cuarentena ¿por qué me has robado esos momentos en los que puedo salir a la calle con una simple chaqueta? Como dice la canción: ¿quién me ha robado el mes de abril?

Pero bueno, que no me quejo porque mi casa es mi zona de confort, que suficiente me he esforzado en crear mi sanctasanctórum en el que sentirme protegido. Un sanctasanctórum que, por cierto, en su estado natural produciría fuertes embolias cerebrales a Marie Kondo: la principal cualidad estética de mi refugio personal se basa en apilar cosas sin orden aparente (aunque luego, cuando necesito algo, me pegue buscando horas).

Yo cuando acabe la cuarentena y me vea obligado a salir de casa.

domingo, 26 de abril de 2020

¿Por qué esta la calle petada de gente si es mi primera cuarentena?




Lo primero que quiero decir esta semana es que siento muchísimo haber dicho la semana pasada que ya podían salir los niños a la calle. Por lo visto es ESTA semana y no la ANTERIOR semana cuando hordas de personas que aun no han conocido la pubertad podrán adueñarse de las calles y sembrar el caos. Que a mi realmente me da igual, que hace tiempo que dejé de tener 14 años y soy más de interior que un ficus benjamina.

De esta forma los niños se unen a otros colectivos privilegiados que pueden gozar de libertad, como los repartidores o la gente que tiene perro. Yo ya estoy preparando frases para gritarles a los niños, como “tus padres no te quieren” o “los Reyes Magos no existen”. Increpar a los niños puede ser mi próximo hobby, bajo la falsa excusa de que envidio su libertad, claro. Pero vamos, que auguro que veremos a gente mayor quitándose una década en el DNI para poder salir a la calle con un juguete.

Mira, este domingo día 26 se puede sacar esta foto para explicar cómo se ha comportado la gente.

domingo, 19 de abril de 2020

Joder, sigue siendo mi primera cuarentena






¿Os acordáis cuando se podía salir a la calle? Cuando el viento nos acariciaba la piel, los niños gritaban en los parques, no mirábamos con envidia a los que paseaban perros y Madrid tenía una cúpula de contaminación que mantenía a los madrileños dentro de su ciudad.

Ahora mismo podría hacer un montón de chistes sobre el éxodo madrileño, que parece que odiarles es la moda. Pero no lo haré. Porque tengo amigos madrileños que no se merecen eso. Y porque ya se han hecho todos los chistes habidos y por haber en Twitter, y hacerlos aquí sería repetir y repetir lo mismo.

Ser odiados por el resto de España es el precio que pagó Madrid por tener tan deliciosa agua.

domingo, 12 de abril de 2020

Resulta que sigue siendo mi primera cuarentena





Hola, página en blanco. Soy yo. Otra vez.

Sé que hace mucho que no hablo de cosas históricas en el blog, pero me hice la absurda promesa de que no hablaría de cosas históricas durante la cuarentena. Esa promesa tenía sentido cuando en teoría íbamos a estar un par de semanas sólo, y pensaba que serían un par de semanas de monólogo absurdo y chistes baratos, pero resulta que no. Podría dejar de hacerlo, pero rompería mi promesa. Y como hombre con un código moral del siglo XIX que soy, el honor lo es todo. ASÍ QUE LA PROMESA SIGUE EN PIE.

Es posible que te hayas dado cuenta, si eres uno de esos hackers que me espían a través de la webcam, de que paso mucho tiempo delante del ordenador. Esto es porque, en ausencia de luz solar, he decidido que la pantalla del ordenador suplirá la carencia de luz natural. Ah, ya noto como el futuro ciberpunk se va acercando cada vez más a mi vida diaria. Pronto llegarán los mejoras biónicas chulas.

Ojalá poder ir a comprar el pan el coche para sentirme así en la carretera.

domingo, 5 de abril de 2020

Oye, ¿Por qué sigue siendo mi primera cuarentena?



¿Os acordáis de cuando para estas fechas había una cosa que se llamaba “Vacaciones de Semana Santa”? ¿Os acordáis de lo inocentes que éramos y esperanzados que estábamos? No sacar a los santos porque llueve ahora parece un capricho infantil, una excusa barata para no salir de casa porque te da pereza ir de procesión. Quiero decir, lo peor que te puede pasar si llueve es que te mojes, pero con el coronavirus por las calles a lo peor la palmas. Y morir es bastante peor que mojarse, por lo menos en mi escala de valores.

El confinamiento va genial. Sigo saliendo a la terraza, pero ya no tengo que gritar a nadie porque se han debido de dar cuenta que va para largo, y se han cansado hasta ellos mismos de escuchar las mismas canciones en bucle todo el rato. Eso sí, el “Resistiré” de las 20:00 es puntual, como siempre.

Volviendo de comprar cuatro cosas en el Mercadona.

domingo, 29 de marzo de 2020

Ay, que ilusión, ¿Por qué sigue siendo mi primera cuarentena?




Y comienza la tercera semana de confinamiento sin final aparente a la vista. Recomiendo encarecidamente leer la actualización de esta semana escuchando la  Danse Macabre de Camille Saint-Saëns. Si prefieres algo más moderno también tienes It's the end of the World as we know it, de REM. Sin razón especial, simplemente porque le pega a estos tiempos que estamos viviendo. Si estás leyendo esto para desconectar del coronavirus, malas noticias para ti.

En realidad espero que todos los que estén leyendo esto tengan papel higiénico y salud en grandes cantidades, que parece que es lo más importante en estos tiempos. Eso y tener perro, que tener perro es como poseer un salvoconducto que te hace invisible a la visión por movimiento que tiene la policía.

De hecho, se está creando una brecha irresoluble entre la gente que tiene perro y la gente que carece de perro. Antes de la pandemia veía a esos pobres desgraciados paseando a los animalillos al punto de la mañana, un día de enero con escarcha aun en la calle, y pensaba “cómo me alegro de tener gato”. Hoy aparto un poco la cortina y, con los ojos entrecerrados, apuñalo con envidia a todos los paseantes que veo en la calle*.

domingo, 22 de marzo de 2020

Ay, que ilusión, sigue siendo mi primera cuarentena




Que rica la semana en cuarentena ¿eh? Maravillosas noticias para todos, pues hoy mismo se ha ampliado quince días más. Quince días de ambrosía de puertas para adentro que harán las delicias de los más caseros y prolongarán la pesadilla de todos aquellos adolescentes que han empezado a fumar y sus padres aun no lo saben.

Si la primera semana la gente mataba por un rollo de papel higiénico y comida imperecedera, en esta segunda semana comienzan a escanear los snacks. Parece que la gente se ha dado cuenta que estar en casa no están malo, y que si van a pegarse viendo series y películas la gran mayoría del tiempo, por lo menos que sea con unas buenas patatas fritas en la mano. Y no hablo de libros, que pasar páginas mientras comes risketos no es recomendable.

Parece ser que para alguno eso de quedarse en casa se les hace cuesta arriba, más irritante que limpiarse el culo con lija de grano grueso. Ya he visto a varios vecinos, a la desesperada, redecorar sus casas: uno ha dado una manita de pintura a las rejas del balcón, y otro lleva varios días con el taladro cambiando cuadros de sitio. Yo mismo me he dedicado a repasar un montón de cosas de casa y ahora me siento como una especie de Übermensch que puede arreglar todo, el parangón de la masculinidad clásica.

En esta cuarentena me he convertido en la fusión perfecta de estos dos.

domingo, 15 de marzo de 2020

Ay, que ilusión, es mi primera cuarentena



La semana pasada, cuando estaba escribiendo la entrada para este magnífico blog que leen cuatro gatos,  hice varios chistes sobre el coronavirus. Mucho jiji-jaja pero ninguno pensábamos que, una semana después, íbamos a estar confinados 15 días en nuestras casas.

Que por mí no hay problema, ojo. Tengo toneladas de miniaturas sin pintar, y mientras no falle la conexión a internet, todo irá bien. Este tiempo que nos ha tocado vivir es grandioso, tiene todo lo malo que las epidemias del pasado, pero por lo menos tenemos WIFI. Personalmente me he preparado bien: tengo libros, tengo mil cosas que hacer (y que no haré con la excusa de que el mundo se acaba y todo eso) y en el peor de los casos, tengo una caja de bolis bic en algún punto de la casa y papel suficiente como para escribir la gran novela española que rivalice con el Quijote. Sólo necesitaré otra pandemia para pasarla a máquina sin que me dé pereza.

¡Señores! ¿Qué hacen ahí? ¿Quieren morir O QUÉ?