domingo, 8 de diciembre de 2019

La Constitución: Historia de un puente.




No me estoy refiriendo a lo de ir al gimnasio y ponerte fuerte, no. Tampoco tengo en mente hablar de lo que hace que no te pongas enfermo, porque estás hecho un toro. Me refiero a lo otro, al regalo que nos hizo la Transición a todos los españoles.

Recurriendo a Wikipedia, y poniendo un párrafo sin ningún chiste…

Una constitución (del latín constitutio, -ōnis)​ es un texto codificado de carácter jurídico-político, surgido de un poder constituyente, que tiene el propósito de constituir la separación de poderes, definiendo y creando los poderes constituidos (legislativo, ejecutivo y judicial),​ que antes de la constitución estaban unidos o entremezclados, define sus respectivos controles y equilibrios (checks and balances), además es la ley fundamental de un Estado, con rango superior al resto de las normas jurídicas, fundamentando (según el normativismo) todo el ordenamiento jurídico, incluye el régimen de los derechos y libertades de los ciudadanos, también delimitando los poderes e instituciones de la organización política.

Si no has entendido nada, no te preocupes, te lo resumo a lo rápido: una Constitución es un texto importante. Para hacerle caso o para ignorarlo muy fuertemente, pero es importante. Así que puede que no os descubra nada nuevo si os digo que tenemos una Constitución desde 1978. O puede que sí. No sé, hay gente muy ignorante que puede pasear libremente por la calle.

Una Constitución que tiene, al menos que yo tenga constancia, 155 artículos.

domingo, 1 de diciembre de 2019

El novedoso Protoestado™




Es difícil saber si ya has hablado de algo cuando llevas ya siete años escribiendo un blog pero, en el hipotético caso de que ya haya hablado por aquí del protoestado, haremos ambos como que nunca ha ocurrido. Será nuestro pequeño secretillo.

La Prehistoria tiene muchas cosas y, como todo el mundo sabe, son todas malas. En su desesperado intento de avanzar en el tiempo y alejarse del asco que daba vivir en cuevas y vestirse con pieles (por no hablar de que el único y más avanzado pasatiempo era golpear piedras de sílex a ver qué salía), las comunidades se asentaron definitivamente en territorios.

Se asentaron de la misma forma que yo me asiento delante del ordenador: eternamente, porque eran unos vagos. Aunque expertos mucho más expertos que yo dicen que pudo ser la agricultura, me gustaría imaginarme a la primera persona que pensó que perseguir presas y forrajear estaba sobrevalorado, que prefería cultivar sus propias hortalizas porque no intentan huir.

Los primeros agricultores básicamente eran hippies demasiados vagos para moverse con sus comunidades de cazadores-recolectores.

lunes, 25 de noviembre de 2019

El confuso inicio de la Guerra Civil




El otro día una discusión educada (considerando “educada” a una discusión de esas en las que no hace falta empezar a pegarse puñetazos y patadas para dar fuerza a tus argumentos) motivada por la película “Mientras dure la guerra”. El tema de conversación era “los primeros compases de la Guerra Civil”.

Los lectores veteranos recordarán, aunque hace mucho que no hable de ello, que una de las cosas que más me gusta de la Primera Guerra Mundial es el caos y el espíritu de ensayo-error que tienen muchos de los adelantos. Pues si fueran un archivo, los primeros compases de la Guerra Civil  tendrían el nombre “PrimeraGuerraMundial_1.2[no oficial]_SKIDROW_no-cd.rar”. Y muchas comillas estoy utilizando en estos dos primeros párrafos.

Zaragoza, por ejemplo, tiene un par de semanas que no sabe si posicionarse con un bando o con otro porque tiene una posición estratégica… jodidilla. Huesca, a su vez, envía un telegrama cifrado a Zaragoza preguntando si se subleva o qué hace, al más puro estilo de la pregunta “¿Hoy se sale?” que hace el pesao que tiene que haber por ley en todos los grupos de whatsapp.

- Que sí, que yo estoy con la República a tope. Jajaja.
- Cabanellas ¿Es eso un porro?
- Jajaja ¿qué?

domingo, 10 de noviembre de 2019

Ojalá regrese la Edad Media.



La Edad Media. 

De pequeño sueñas con las historias llenas de caballero, princesas y dragones. Cuando creces descubres que las enfermedades y trabajar de sol a sol no es bueno para la espalda, y eso le quita un poco de encanto. Pero luego llegas a la edad adulta y descubres que el alcoholismo puede ser la solución, te descubres pensando “oh, vaya, así que así es como soportaban la Edad Media” y luego empiezas a envidiar a los siervos porque por lo menos ellos trabajaban al aire libre y no encerrados en un edificio de oficinas.

En fin, para que me entendáis mejor me voy a explicar con un gráfico, que es lo más rápido:


domingo, 3 de noviembre de 2019

El agua quiere matarte





El otro día, en plena cena de Halloween con los amigos, alguien mencionó que la sed era el peor enemigo del soldado. Yo me levanté, me puse el abrigo y, antes de marcharme con un portazo grité “por supuesto, porque los soldados no tienen nada que temer de sus grandes amigos inseparables, el Señor Metralla y la Señora bala”.

Estaba en ese momento de iluminación que tienes cuando vas solo en un ascensor, ese momento de introspección personal en el que todo encaja, justo ese. Como soy el dios del sarcasmo, decidí volver a ese cuarto piso a poner las cosas claras de forma ácida y con malevolencia.

Así que volví a llamar al timbre como si fuera un niño pidiendo caramelos. Como si esos niños tuvieran diabetes inversa y necesitaran enormes cantidades de azúcar para vivir un día más. El caso es que cuando se abrió esa puerta fue como si no me hubiera ido, porque es posible que todo el párrafo anterior sólo ocurriera hipotéticamente por motivos narrativos.

Y ahora empieza lo serio. Nunca (e insisto, NUNCA) intentes entrar en razón a un historiador furioso. Empezarán a soltar referencias a libros gordos que sólo han leído ellos y a señalar errores por todas partes. Son animales que no se detienen antes nada y con los que es imposible utilizar argumentos lógicos. Simplemente no razonan.

La ciencia me da la razón.