En contra de lo que esos estirados idiotas de la Edad Moderna nos han hecho creer, la Edad Media molaba. Por ejemplo, tenías libros escritos por religiosos en los que te instruían a la vez que te contaban de forma velada sus andanzas follarinas. ¿Os imagináis eso ahora? Hoy en día, lo más cerca que hemos estado de algo parecido al Libro del Buen Amor fue cuando al Papa Francisco le dio like en Instagram a una foto de un tremendo culo.
Pero ¿cómo un
religioso puede dar consejos de amor? Amigos míos, ninguno pensabais que ibais
a pasar San Valentín leyendo acerca de cómo en la Edad Media (y especialmente
en el ambiente multicultural de la España medieval) los religiosos se pasaban
por el arco del triunfo eso del voto de castidad. Bienvenidos al mundo de los
goliardos y las barraganas.
Porque resulta
que, en la Edad Media, cuanto más alejado del epicentro del poder vivías, más
libertades tenías. Puede que ahora choque eso de que en un pueblo perdido de la
mano de Dios tuvieras más libertad que en una ciudad, pero tiene sentido: en la
ciudad todo el mundo se enteraba de todo, y cuanto más lejos vivieras de quien
te pudiera echar la bronca, más posibilidades había de que tu conducta inmoral
se diluyera por el camino.









