Esta semana,
aprovechando lo del volcán de La Palma, os voy a hablar de Pompeya. ¿Que qué
tiene que ver una cosa con la otra? Pues que en Pompeya, todo el mundo la
palma. ¿Lo pilláis? ¡LA PALMA, como la isla! Si no os gusta, ese va a ser el
nivel, no me arrepiento de nada.
El 24 de agosto
del año 79, en una semana muy de fiestas patronales para los pueblos, se
produce una erupción del Vesubio que la lía pardísima y cumple los sueños
húmedos de muchos arqueólogos. Y de bandas criminales que se dedican a saquear
el yacimiento cuando cae la noche, pero centrémonos en la gente que no tiene
una cicatriz en la cara o que te hacen ofertas que no puedes rechazar.
La mayoría de
información se ha conseguido mediante la arqueología, pero también daba la
casualidad de que por la zona estaba Plinio el Joven, científico, escritor y
brasas profesional de la Roma Clásica. No confundir con su padre adoptivo,
Plinio el Viejo, que murió por respirar lo que no debería respirar (gases
nocivos del volcán, que a quién se le ocurre hacer eso).






