Madre mía, que
verano más asqueroso ¿verdad? Bueno, como todos los veranos, hay que admitirlo.
Por fortuna ya es septiembre, y damos por finalizadas las vacaciones en el
momento en el que los niños vuelven a los colegios, al ritmo de una rítmica marcha
fúnebre que toca con enormes tambores el director del instituto, cubierta su
cabeza con una macabra capucha negra.
Verano, la época del moreno (y la época en la que albanokosovares* le entran en la mansión a José Luis Moreno) que te
guste el verano cuando vas al colegio el calor lo relaciones con las
vacaciones. Yo también he pasado por esa época en la que los días se alargaban,
el calor aumentaba y, una vez pasada la ordalía de las notas de fin de curso,
podías disfrutar de un par de meses despertándote a las 12 del mediodía y
quedando con los amigos hasta las 10 de la noche en la calle.
Pero cuando eres
un adulto desempleado, el verano sólo significa sudor, mosquitos y, de vez en
cuando, horchata en la nevera si eres afortunado. Todo lo demás es mirar a la
gente desde la ventana, ver pasar la vida y tener una crisis existencial.
Después de todo, llorar no es mas que sudar por los ojos. Para el que no
trabaja el verano es lo mismo que el resto del año, carecer de sentido la vida,
solo que a una temperatura mucho más desagradable.






