El otro día acabamos hablando de las reformas de Mario en el
ejército romano y se me olvidó comentar una cosilla. No sólo había una
subvención estatal para que el soldado tuviera mejor equipamiento, también se
esperaba que fuera el soldado el que transportara el equipamiento.
De esta forma comenzaron las marchas agotadoras y se
acabaron los lentos carromatos que llevaban el equipamiento a los más
pudientes. Por eso, a las primeras hornadas de soldados romanos se les llamó
cariñosamente “las mulas de Mario”. Pero bromas aparte, ya teníamos un cuerpo
propiamente militar movilizado en todo momento y listo para el combate.
Pero eso hizo que el poder militar de Roma creciera a pasos
agigantados. La expansión por el Mediterráneo (Grecia, Dalmacia, Hispania,
Siria…) y por los Alpes (Narbonense) tienen mucho que ver con estas reformas.
Atrás habían quedado las épocas en las que el soldado se movilizaba únicamente
por la duración de una campaña militar.
Roma había convertido a sus soldados en máquinas de matar
los 365 días del año. Día arriba, día abajo, contando las fiestas de guardar.
Esta imagen de un hastati me hace pensar que los romanos llevaron al cabo el Rapto de las Sabinas porque estaban hartos de follar entre hermanos.





