domingo, 27 de octubre de 2013

Hititas on fire


Una vez, en Historia Antigua, un profesor dijo que las grandes civilizaciones se tienen que juzgar por su labor legislativa. Esto es aplicable a Babilonia, con el importantísimo Código de Hammurabi: la estela tallada en diorita aun conserva las leyes por las que se regían los acadios. Gracias a ella podemos saber la estratificación social, precios de artículos básicos, salarios y funcionamiento judicial.

Esto es, si se prohíbe algo es porque se practicaba. Si dentro de 2000 años alguien desentierra las leyes municipales de una ciudad cualquiera, podrá deducir que mucha gente no aparcaba bien porque numerosas ordenanzas municipales regulan el aparcamiento. En otras palabras, las leyes prohíben prácticas frecuentes pero censurables de una sociedad.

Los hititas, otro gran imperio de Oriente Próximo, que llegaron en su máximo apogeo a poner en serio aprieto al poderoso Egipto, también eran grandes legisladores. Sin embargo, si sometemos al mismo punto de vista que a los acadios, nos sale una sociedad… curiosa.

Y semejante diversión legislativa está sacada de feas tablillas como esta

Comencemos a evaluar algunas de las leyes más extrañas para nuestra sociedad del s. XXI:

Ley 13: Si alguno arranca (de un mordisco) la nariz de una persona libre, pagará 1 mina de plata y así apartará la culpa de su casa.
Hitita, recuerda que una nariz humana al día aporta la cantidad diaria de vitaminas recomendada.

Ley 38: Si varios hombres están en una pelea y uno va a ellos para ayudar a uno de ellos; si el rival irritado en la pelea golpea al llegado y éste muere, no habrá compensación.
Moraleja: si ves una pelea no la intentes parar y súmate al coro de gente que grita “¡Pelea!, ¡pelea!”

Ley 90: Si un perro devora manteca de cerdo y el dueño de la manteca lo descubre, puede matarlo y recobrar la manteca de su estómago. No habrá otra compensación.
Y encima si te comes esa manteca viene ya parcialmente digerida para que no hagas esfuerzos. Si es que son todo ventajas.

Ley 169: Si alguno compró un campo y viola los límites, debe tomar un pan y lo partirá en honor del dios Sol, y dirá: "Has plantado mi balanza en el terreno. Él dirá, también, luego: "¡Oh, dios del Sol! ¡Oh, dios del Sol! ¡Oh, dios de la Tempestad! ¡Que no haya litigio entre tú y yo!".
El caso es llevarse bien con los dioses, que vean que no hay malicia si repartes una buena baguette crujiente.

Ley 173: Si alguno rechaza el veredicto del tribunal del rey, su casa será arruinada. Si alguno rechaza el veredicto del tribunal de un dignatario le cortarán la cabeza. Si un esclavo se levanta contra su dueño, será puesto dentro de una vasija de barro.
El rey es infalible. Como siempre. Nada nuevo. Y si no te gusta, pues te matan y todos tan amigos.

Ley 187: Si un hombre se aparea con una res es pecado y debe pagarlo, el hombre será muerto.
Ley 188: Si un hombre se aparea con una oveja, es pecado y debe pagarlo, el hombre será muerto.
Independientemente de tus gustos y preferencias, la historia de amor prohibido con el ganado sigue siendo eso, prohibida.

Ley 199: Si alguno se aparea con un cerdo o un perro, será muerto. El hombre que descubra el crimen lo llevará a la Puerta del Palacio. El rey puede ejecutarlos, el rey puede conservar sus vidas. Pero el culpable no podrá presentarse de nuevo ante el rey. Si un toro salta sobre un hombre para aparearse, el toro será muerto. El hombre no será muerto; se tomará una oveja en lugar del hombre y será muerta. Si un cerdo salta sobre un hombre para aparearse, no hay crimen.
El más difícil todavía: había quedado claro que si tú deseabas a un animal, morías… pero si resulta que atraes al animal, solo eres culpable de ser tremendamente sexy. Después de esta ley, no volveré a ir por el campo sin temer que un toro o cerdo se abalance sobre mí con intenciones poco decorosas.


Como podemos deducir, los hititas tenían hábitos… peculiares.

El toro: fuente de terror amatorio para muchos hititas

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