Hace muchísimo que enciendo solo la televisión cuando estoy masticando
alimentos durante la comida o la cena. Es curioso como internet ha sustituido
el vacío que han dejado los programas de televisión y de cómo torturo día tras día
a mis familiares cercanos obligándoles a ver los Simpsons, pese a que ya me sé los
capítulos de memoria y que el programador de Antena 3 tiene el mismo interés
por la lógica y la cronología que el que pueda desarrollar una piedra.
Sin embargo, hay momentos en los que la vida te da sorpresas
agradables y se da un respiro en su afición de machacarte día tras día. Y una
de esas sorpresas agradables ha sido “El Ministerio del Tiempo”. No es que
hayan descubierto la rueda, pero sí que considero que sea una serie muy
prometedora en casi todos sus aspectos. Y por ello, aunque pueda ser un juicio
prematuro, tienen mi respeto.
Y es que en una parrilla televisiva dominada por la
telebasura, con Belén Esteban como su particular mesías y Gran Hermano VIP
amenazando una metástasis en otras cadenas, “El Ministerio del Tiempo” es un
soplo de aire fresco. Porque, para qué engañarnos, la mayoría de programas
españoles no han logrado sacudirse esa caspilla rancia de los hombros. Y lo
estoy diciendo con esa patética adaptación de Alatriste en mente, que pasará a la historia como “la vez
que se despilfarró el dinero con más ambición”.
Articulo subvencionado por el Gobierno de España








