domingo, 10 de mayo de 2015

Travestismo rural victoriano: las Hijas de Rebeca



La época victoriana. Ese periodo caracterizado por burgueses tomando el té en casas de campo y señoritas que se debaten sobre cuestiones amorosas. Un momento ideal para leer novelas de Dickens, las hermanas Brontë u Oscar Wilde a la deliciosa sombra de un castaño en la verde campiña inglesa. Un momento en el que disfrutar de hombres travestidos de mujeres.

Espera un momento, ¿hombres travestidos de mujeres?

Si, en concreto rudos hombres de campo travestidos de mujeres, concretamente.

Probablemente te choque el concepto de que hombres de pelo en pecho, curtidos labrando durante años, les cogieran los vestidos a sus mujeres y, armados con enormes mazos y hachas, se dedicaran a demoler casetas de peaje con nocturnidad y alevosía. Realmente pintoresco.

Después de leerte la entrada, la típica muchedumbre armada y enfurecida te parecerá poca cosa si no incluye al menos un puñado de hombres travestidos armados con mazos y hachas 

domingo, 3 de mayo de 2015

Vikingos: El cani escandinavo de la Alta Edad Media



Los vikingos venden. Y no me estoy refiriendo a novelas románticas de vikingos sensibles de pecho depilado, pero altamente satisfactorios en la cama, que bien merecen un análisis algún día de estos (buscad en Google “novela romántica vikingo” si queréis ver un desfile de portadas protagonizadas por viriles torsos perfectos y cincelados). Estoy hablando de morlacos barbados y borrachos salidos del sobaco de un grupo cualquiera de power metal finlandés. Porque, seamos claros, una civilización que se dedica a escribir en piedra no puede ser muy sensible que digamos.

Que sí, que las corrientes historiográficas hablan de una progresiva emigración de los pueblos escandinavos hacia tierras más fértiles y cálidas, abandonando el frío norte, más o menos como ocurre ahora con los guiris en la Costa del Sol, pero no se engañe, querido lector: los vikingos no eran buena gente. De hecho, dudo que fueran gente.

Seres de grandes melenas y barbas acordes, con una afición por eviscerar monasterios enteros, como quien sale de excursión al campo, y más violentos que un cani puesto de coca hasta las cejas. Esos son los vikingos. Y sí, con el tiempo se asentaron en diferentes zonas de Europa y se integraron, pero no sin antes dar por culo a la población autóctona un buen rato. ¿Multiculturalidad? Los vikingos no conocían una palabra tan larga. Ellos venían a quemar aldeas, violar mujeres, masacrar personas y esclavizar niños, no a pagar pensiones.

La cofradía de carpinteros de la ribera de Oslo, preparando sus transportes para veranear en Inglaterra.

domingo, 26 de abril de 2015

¡Puta guerra!: una recomendación personal



Hoy vamos a relajarnos un poco y voy a hablaros de un cómic. Y además de la Primera Guerra Mundial, que hacía mucho que no hablaba de ella.

Mi opinión es que el cómic es un género infravalorado. Por lo general la gente asocia el cómic con los clásicos tebeos de Mortadelo y similares, que utilizan un lenguaje sencillo y que buscan la risa fácil con bromas de caca-culo-pedo-pis. Cosas para críos, vamos.

Sin embargo, esas personas nunca habrán cogido el cómic del que voy a hablar hoy. Es un cómic sin humor, cruento e, incluso, desagradable. Pero cuenta una historia que no tiene humor, es cruenta y es desagradable. Estoy hablando de “¡Puta guerra!” de Jacques Tardi.

Este señor con aire benevolente y un cierto parecido con George Lucas es Jacques Tardi

domingo, 19 de abril de 2015

Napoleón Bonaparte


La semana pasada acabé mencionando a un tío que seguro que os sonará: Napoleón Bonaparte. Y si no te suena es probablemente porque no sabes leer y has entrado aquí solo para ver fotos y seguirás sumido en las tinieblas de la ignorancia porque no podré iluminar tu camino. Y tus padres no te quieren.

Bonaparte viene en dos sabores según seas un afrancesado comeflores o un hereje británico: para los primeros es una especie de superhéroe cortacadenas que lucha contra la injusticia y el Antiguo Régimen; para los otros es un megalómano bajito con ganas de tener bronca. Yo, personalmente, no me creería ni una ni otra versión.

Don Napoleón nace en Córcega con el sospechoso nombre de Napoleone, que cambia luego para resultar más francés, en una familia noble de segunda fila de provincias. Sus orígenes italianos hicieron que tuviera que aprender francés y que se trasladara a la Francia continental a iniciar su carrera militar. Tras entrar en la École Militaire, se especializó en artillería.

La Revolución Francesa lo pilló en Córcega, por lo que Napoleón volvió a la capital francesa a tomar parte activamente en el lado jacobino, porque era amiguete de Robespierre. Así que cuando cae Robespierre parece que la carrera de Napoleón acabará de la misma forma… pero no, consiguió disipar las dudas de su lealtad. Y no solo eso, sino que un año después logró hacerse famoso tras defender el Palacio de las Tullerías de una insurrección realista.

Soy historiador, ocurrió así, créanme

domingo, 12 de abril de 2015

La Revolución Francesa (II)



Aquí llegan las guillotinas.

Habíamos dejado la Revolución francesa a mediados de 1793, a punto de iniciarse uno de los periodos de los que todo el mundo se quiere alejar en la política actual.  Y si no os suena es porque ahora está más de moda nombrar a Venezuela. Pero a principios de siglo XX, en los círculos conservadores, la Francia de 1789 era la Venezuela de ahora, creedme.

Hoy en día hay quienes ven con horror en el monstruo en el que se convirtió la Revolución Francesa y hay otros que justifican el periodo en un contexto de complots internacionales que buscaban destruir a la recién nacida República Francesa. Hay que comprender que en un contexto político europeo en el que abundaban los imperios y las monarquías, el que en Francia se cargaran al rey hizo que, antes de que la moda se extendiera fuera de las fronteras, quisieran pararle los pies a los franceses con cualquier jugarreta.

Primera imagen de guillotina. El "Escuadrón del Tópico" ha llegado, que todo el mundo respire aliviado