Nada mejor para recuperarse de la resaca de San Valentín que
una guerra. Y no una de esas guerras de pacotilla que no importan a nadie.
Vamos a hablar de una guerra de la que en muchos sentidos no se ha pasado
página. Vamos a hablar de la Guerra Civil.
Que la guerra de 1936 sea considerada la Guerra Civil, asi,
con mayúsculas es la forma de decir que fue la gran guerra civil. Al igual que
la Primera Guerra Mundial se llamó la Gran Guerra porque no tenía comparación con
los conflictos bélicos que habían azotado Europa hasta entonces, la Guerra
Civil fue la madre de todas las luchas fratricidas entre españoles. ¿Guerra de
independencia? Minucias ¿Las varias guerras
carlistas? Una pataleta.
Si algo caracteriza los inicios del siglo XX es su ruptura. Las
nuevas forma de política entran en juego y la sociedad tradicional se encuentra
amenazada por la nueva sociedad de masas. Las ideologías se convertirán en algo
por lo que matar y morir. Aparecerá el radical político, pero “radical” de pistola
en mano, mal afeitado y cicatriz en la cara y no como ahora que se ha abusado
tanto del término que se podría considerar “radical” a mi abuela que va a misa
todas las tardes.
No te dejes llevar por las apariencias: todos estos obreros tienen pistolas no registradas por las autoridades competentes y están dispuestos a usarlas de una forma que a su lado Rambo parecería un objetor de conciencia.







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