Esta semana,
siguiendo con el temario de selectividad, tocaría hablar de la dictadura de Primo
de Rivera. Después de haber hecho un TFG sobre el periodo, puede que me quede
demasiado larga o densa, pero es lo que tiene haberme leído mil libros sobre el
periodo. Pero que no se diga que no lo intento. Es más, lo que escriba aquí
estará avalado por el ocho que saqué ante tribunal en dicho trabajo, y tendré
algo de credibilidad.
Partimos
del hecho de que ya he hablado de los antecedentes del periodo y lo he bocetado
con anterioridad, lo cual es bueno, porque así tendréis “un resumen” y un
contexto disponible. Así que al tajo.
El pronunciamiento
militar era una forma de acceder al poder muy normal en la España del siglo
XIX, y en España no éramos muy de abandonarlo culturalmente hasta 1930, aunque cronológicamente
ya nos encontráramos en el siglo XX. Por eso nadie puso el grito en el cielo
cuando ocurrió el golpe de estado: tanto Alfonso XIII como la opinión se
encogieron de hombros y ante la noticia de que se acababa casi un siglo de
democracia española (con altibajos) dijeron “pues que pase la dictadura ¿no?”. La
dictadura empezaba su andadura el 13 septiembre de 1923.
Y el
nuevo régimen que se creaba para España coqueteaba con el recién instaurado fascismo
italiano, pero eran coqueteos que no llevaban a ninguna parte. Eran como esas
escenas de las comedias románticas en las que los dos protagonistas se van a
besar pero ocurre algo que les interrumpe: en el momento en el que Primo de Rivera
realmente podía tomar una decisión “fascista” ocurría algo y no se tomaba, pero
la tensión sexual seguía latente.
Miguel Primo de Rivera: buen dictador y mejor sello postal.









