Repasemos en líneas generales lo dicho anteriormente: la
Primera Guerra Mundial fue un chiste. Un chiste que gira en torno a la improvisación,
concretamente en la mala improvisación de los dos bandos.
Sí, amigos, el cerebro de un militar no está pensado para
improvisar, está preparado para obedecer a lo que llega de arriba. ¿Qué pasa
cuando desde arriba te dicen “eh, Hans/Pierre confiamos en usted plenamente,
haga lo que crea conveniente”? pues que todo se viene abajo. De esta forma, si
eres un general de sillón y tu subalterno sabe más que tú, siempre puedes
colgarte sus medallas, y si se equivoca, culpa suya (que para algo has delegado
en él). Es lo que en España se considera deporte nacional bajo el tecnicismo de
“pasar el marrón a otro”.
Solo es un maniquí, pero aun así yo no me esperaría mucho de él.