Si el Desembarco de Alhucemas es el equivalente español al
Día-D, el equivalente español a Vietnam es el Desastre de Annual. Sólo hay que
sustituir a Estados Unidos por España, Vietnam por Marruecos, la frondosa selva
tropical por la árida y rocosa inmensidad del Atlas y, finalmente, a los
agricultores de arroz por ganaderos de las montañas. El ratio de humillación se
puede conservar sin demasiada ponderación.
He hablado largo y tendido sobre los años 20 (y creedme, dad
gracias por no escucharme todos los días); también os he hablado del Desastre de Annual. Pero hace unas semanas un lector me pidió que hablara de Manuel
Fernández Silvestre. Así que aquí estamos, esta semana os voy a hablar del
General Silvestre.
El General Silvestre no era un mal tipo. Era uno de esos
militares de carrera que tanto abundaban a mediados del siglo XIX. En ese
siglo, si nacías en una familia militar estabas obligado a perpetuar la
tradición familiar, no es que pudieras elegir profesión. Pero tengo que reconocer que, pese a eso, he visto
militares mucho peores. Como, por ejemplo, yo mismo jugando al Hearts of Iron.









