domingo, 12 de marzo de 2017

El Desastre de Annual



Hace un tiempo os hablé de la putada que fue para España la Guerra de Marruecos en líneas generales, pero hoy os voy a hablar del Desastre de Annual en particular. ¿La razón? El otro día me legaron un bloque de postales del Monte Arruit que llevaba en mi familia desde los años 20, cuando mi bisabuelo estaba en la Guerra de Marruecos.

Era el inicio de la década que tanto me gusta a mí (1920/1921) cuando España se propuso una operación por la zona de Melilla y Alhucemas que pacificara la región.  El elegido para este cometido fue el General Manuel Fernández Silvestre, quien avanzó con éxito por la zona del Rif durante los primeros momentos de la incursión en tierras de los rebeldes marroquíes.

Sin embargo, la operación murió de éxito. Las líneas de suministro se extendieron demasiado y dejaron de ser efectivas. Muchos suministros caían en ataques de guerrilla de las tribus rifeñas y las posiciones fortificadas tenían deficiencias en el abastecimiento, pese a estar ubicadas en zonas estratégicas. Hasta este punto apenas se había disparado un tiro en algo que se pudiera llamar honrosamente “batalla”.

Este señor tan feliz celebrando una ronda con un exitoso ratio bajas / muertes en la Campaña del Rif, es mi bisabuelo.

Se ocuparon pueblos y pequeñas ciudades, se compró la lealtad de las tribus locales con “regalos” y durante un breve periodo de tiempo parecía que la estrategia de Silvestre estaba teniendo éxito. Pero la lealtad de las tribus autóctonas dura menos que un paquete de cigarros a la salida de un instituto, y el ejército español lo aprendería “por las malas” varios días después.

Cuando los marroquíes asaltaron con éxito rotundo el pueblo de Igueriben, el cercano villorrio de Annual (donde estaban esperando alrededor de 5000 soldados) descubrió que el ejército colonial español no era imparable. Algo que debería saber si hubieran tenido noticias de la geopolítica internacional a finales de siglo XIX, pero en el África rural y montañosa no interesaban en su momento las noticias de cómo iba Cuba.

El caso es que tras la caída sin supervivientes de Igueriben, la moral española comenzó a flaquear a la par que nuevas tribus de rifeños se sumaban a la rebelión buscando botín rápido y fácil. Incluso algunas tribus que habían aceptado sobornos y luchado del bando de los españoles decidieron que había que replantearse el asunto. Alrededor de 18000 marroquíes al mando del carismático Abd el-Krim pusieron sus ojos en Annual.

Ejemplo gráfico de exportación de costumbres a las colonias: uno trabaja y el resto mira.

Annual era un emplazamiento que no tenía infraestructura para satisfacer las necesidades de tanta soldadesca en un asedio prolongado. El General Silvestre planeó la retirada táctica hacia tierras más defendibles y se comenzó a evacuar a la gente que estaba hacinada en el campamento de Annual. Lo que parecía un repliegue planificado, con el material y los heridos en primer lugar mientras los soldados cubrían la retirada, pronto se transformó en un caos.

Los rebeldes marroquíes habían avanzado por los flancos y emboscado a los convoyes que se retiraban. Pronto el retroceso organizado se transformó en huida y finalmente en un “sálvese quien pueda”. Los soldados huyeron en desbandada bajo el fuego de los rifeños, hacia el territorio que creían seguro, que estaba adelante. Heridos, material y suministros se quedaron por el camino. En apenas 4 horas había muerto la mitad de la fuerza estacionada en Annual, las guarniciones de los fortines cercanos (lo cual suma algo menos de 5000 personas) y numerosos cuerpos auxiliares indígenas se habían cambiado de bando. El propio General Manuel Fernández Silvestre moriría al principio del ataque.

De hecho, se decía que los muertos habían sido tantos, que “los buitres solo comían carne de comandante pa’rriba”. Después de seis días de marchas forzadas, dejando un rastro de cadáveres detrás, llegaron al Monte Arruit. Atrincherados allí, planearon una evacuación a Melilla. Dicha evacuación no llegó a hacerse efectiva por las precarias condiciones morales y logísticas en las que se encontraba el ejército español. Los blocaos y fuertes que los españoles habían construido en los últimos años de dominio de la colonia, cayeron uno a uno como fichas de dominó.

Infantería mecanizada marroquí. El modelo fotografiado tiene barquillas laterales para aumentar la autonomía detrás de las líneas enemigas.

El 9 de agosto de 1921 se pactó la rendición oficial. Los españoles deponían las armas y los rifeños, a cambio, dejaban marchar a los soldados. Las tropas coloniales depusieron sus armas, pero cuando se marchaban fueron atacados por los rifeños, que habían cambiado de opinión. Sobrevivieron sólo 60 personas de las más de 3000 que habían buscado cobijo en el Monte Arruit. Durante los siguientes meses se estuvieron recogiendo los cuerpos sin vida que los rebeldes marroquíes habían dejado pudrir al sol.

Las consecuencias fueron impresionantes. España había sido ultrajada de la manera más humillante posible, como si el Real Madrid hubiera perdido por goleada contra el Logroño FC. En apenas unas semanas habían muerto casi 14000 soldados en Marruecos ante la incompetencia de los mandos militares y la bajísima moral de la tropa. Los soldados que quedaron en los fuertes y se rindieron, fueron tratados de maneras indecibles y potenciaron la creencia de que en África no había civilización.

Como es comprensible, se produjo una crisis política enorme. El Informe Picasso intentó averiguar las responsabilidades del desastre colonial español, pero antes de que se llevara a las Cortes, Miguel Primo de Rivera dio el golpe de estado el 13 de septiembre de 1923 y todo quedó en nada. Abd el-Krim, gracias a su éxito, fundó la República del Rif hasta que, envalentonado con sus victorias, se atrevió a atacar la parte del protectorado francés marroquí.

Y mi bisabuelo, con apenas 21 años de edad, fue uno de los que sobrevivieron a todo eso.

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