La entrada de hoy va dedicada a todos aquellos que
visitan mi blog desde Hispanoamérica. La entrada de hoy va sobre “El trabajo de los indígenas
Americanos tras la conquista: Las encomiendas”.
Cuando España puso sus pies en América era obvio que
buscaban una rentabilidad que no les ofrecía ni Bankia en sus buenos tiempos. ¿Y
qué mejor que sacar el oro rápido antes de que vinieran piratas ingleses u otros
colonizadores? Si algo sabían los españoles que emigraban al Nuevo Mundo es que
estaba todo lleno de oro ¿esa piedra de allí? Oro ¿Qué hay una ciudad que se
llama El Dorado? Pues porque es de oro ¿Estupendas estatuillas de arte
indígena? Yo solo veo oro.
Oro por todas partes en una especie de paranoia. Cualquier
indígena estaba escondiendo oro, porque obviamente todos tenían enormes
cantidades de metales preciosos escondidas. El subsuelo estaba también estaba lleno
de riquezas, como el descubrimiento de las Minas de Potosí (1545) parecía
confirmar.
Que te arrojen el oro a tus pies es impresionante, pero luego vas a tener que romperte la espalda barriéndolo
La Corona distribuyó a los indígenas entre los
colonizadores españoles como mano de obra (como en las Antillas) o en aldeas
que tributaban al conquistador como si de un señor feudal se tratase (en la
mayor parte del continente). En cualquier caso la mentalidad del encomendero
era la misma: no había cruzado un océano para seguir siendo pobre.
Los indígenas, poco habituados al trabajo regular,
tuvieron que ser “convencidos” mediante las armas, lo que se tradujo en un
régimen de semiesclavitud para muchos de ellos. Las condiciones inhumanas en
las que tenían que trabajar se cobraron la vida de muchos que habían ido a
parar de encomenderos sin escrúpulos. ¿Qué trato se podía esperar de unos
conquistadores que se habían ganado las encomiendas conquistando y matando
indios? Quiero decir, es como si a Rambo le hubieran dejado administrar un
poblado de norvietnamitas por su participación en la Guerra de Vietnam.
Razón nº 57 por la que sería mal encomendero: se me podría pagar en chocolate
Tu supervivencia dependía de tu suerte. El encomendero
podía pensar que los indios eran poco menos que salvajes y paganos, por lo que
era perfectamente legitimo explotarlos hasta la muerte. Por otra parte había
otro sector que creía en la figura del “buen salvaje” y que su estado se debía
a que no habían conocido a Dios, por lo que una vez dentro de la Iglesia
Católica debían ser considerados siervos de la Corona con tantos derechos como
los de la Península. Por extraño que nos parezca, en aquella época el tema de
debate estrella era si los indios americanos podían ser considerados humanos o
debían ser considerados poco más que animales.
Grandes figuras que posteriormente lucharían contra la
explotación de los indios fueron inicialmente encomenderos, como Fray Bartolomé
de Las Casas. De Las Casas, escandalizado por el trato que estaban teniendo los
indígenas en manos de otros encomenderos, lo denunció públicamente en la propia
Corte real. Esta denuncia lo hizo merecedor del título de “Procurador o protector universal de todos los indios de las Indias”, algo redundante pero ciertamente
impresionante.
Bartolomé de Las Casas haciendo como que no se entera de que un indio le está robando un libro y poniendo cara de circunstancia
La situación de los
indígenas se fue regulando y mejorando paulatinamente. Tampoco muy deprisa, que
los reyes estaban a (literalmente) medio mundo de distancia y podían decir lo
que quisieran que los malos encomenderos seguirían con sus hábitos. La
consideración del indígena mejoró y se le consideró vasallos de la Corona, lo
que potenciaría el mestizaje en los siglos posteriores.
Si, los españoles hicimos
cosas malas en nuestra época colonial, pero aprendimos en el siglo XVI que
aquellas personas del otro lado del mar debían ser considerados humanos. Los
ingleses en el siglo XX aun no habían comprendido ese punto.
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ResponderEliminarUna manera diferente de explicar el verdadero abuso español.
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