domingo, 9 de junio de 2019

Ingleses jugando a la guerra





La semana pasada os hablaba de como los alemanes habían inventado los juegos de miniaturas modernos para echar unas batallas con figuritas, cosa que no debería sorprender a nadie porque Alemania ha tenido insignes frikis infiltrados en las altas esferas. Mientras todo el mundo está pendiente del E3, esta semana voy a seguir con el hilo conductor y os voy a contar qué pasó en 1874, en la Universidad de Oxford. Os voy a hablar de juegos analógico porque me gusta ser tan alternativo y contracorriente.

La historia empieza con Herbert George Wells, que mucha gente conocerá como “H. G. Wells”, el autor de obras como, así a bote pronto, La Guerra de los Mundos. Como buen frikazo que era, su etapa en la universidad le permitió entrar en contacto con los juegos de miniaturas. Pese a que en esa época aun no era famoso y su economía no era mejor, pudo jugar con miniaturas. Después de todo, Games Workshop y sus precios aun no existían en Inglaterra.

Wells aprovechando que es un adulto independiente para liarla parda en su salón con muñequitos.

El caso es que Wells, a parte de sus libros famosos, también escribió en 1911 un reglamento para que los niños jugaran con miniaturas que tituló “Floor Games”. Le siguió, dos años después, otro libro de idéntica temática llamado “Little Wars”. En perspectiva, quizá fue un error poner ese título a un libro que salió un año antes de que estallara la Gran Guerra, pero no voy a dejar en mal lugar a H. G. Wells, así que diré que toda la Primera Guerra Mundial fue un intrincado sistema de promoción de su libro.

Después de los horrores de la Primera Guerra Mundial es comprensible que nadie quisiera ponerse a comandar figuritas y librar batallas. No me explico por qué, pero quizá es porque la gente era muy débil en aquella época o quizá porque las experiencias de las trincheras habían dejado cicatrices demasiado grandes como para jugar frívolamente a matar muñequitos cuando una batería de artillería había arrasado con cualquier persona (y a aquel perro que tenía el batallón)  con la que tenías un vínculo humano en un kilómetro a la redonda.

Pero la Segunda Guerra Mundial llegó, y con ella la necesidad de planificar mejores batallas y más muertes. El Día-D y Market Garden se planificaron con enormes mesas que reproducían con detalle la geografía del terreno. Porque no es lo mismo planificar con los oficiales una operación militar leyéndoles fajos de papeles que disfrutar de metros y metros de maquetas a escala por las que mover los muñequitos para explicarle qué y cómo debían cumplir su misión.

Hitler comprobando la línea de visión de su escuadra de Volksgrenadiers armados con MP44 en cobertura pesada.

Y después de la Segunda Guerra Mundial llegó la prosperidad económica, el consumismo capitalista tan característico de Occidente y, con él, las maquetas de Airfix. Concretamente en 1959 aparecen los primeros soldados a escala HO/OO. A Ambos lados del Atlantico dos personas que no se conocían en absoluto redactaron reglas para batallar con soldaditos: Joseph Morschauser en Estados Unidos con “War Games in miniature” y Donald Featherstone en Gran Bretaña con “War games”.

Como podéis ver, poniendo títulos no eran demasiado originales. Pero eso era porque toda esta gente no eran más que apasionados de la Historia que querían jugar con muñequitos y recrear sus batallas favoritas. Por eso surgió en 1965 la Society of Ancients, que básicamente eran un grupo de obsesos de la Antigüedad (que casualmente es la asociación más… antigua que de miniaturas que existe).

La década de los 60 estuvo monopolizada por las ambientaciones históricas, pero es porque LA ambientación fantástica por antonomasia aun no había despegado. El Señor de los Anillos fue publicado originalmente en 1954, pero había ido cogiendo fama hasta tal punto que en 1966 se publicó una versión ampliada con apéndices y mapas. En ese momento la gente se dio cuenta que no hacía falta jugar con legionarios romanos y que podían jugar en ambientaciones inventadas.

No, esta Society of Ancients NO.

Y es que era demasiado tentador sobrevolar a esos molestos arqueros con un buen dragón o parar una carga de caballería con un mago bien plantado. Gary Gygax fue uno de esos pioneros en incorporar elementos de fantasía a las batallas, plantando la simiente de los juegos de rol. Y, ya que estamos incorporando elementos fantásticos, ¿por qué no incorporarnos a nosotros mismos como poderosos guerreros? Respondiendo a esta pregunta comenzó la producción de miniaturas para juegos de rol, dando otro peligroso paso hacia las fursonas.  

Con los años 70 y 80 llega la edad de oro de la miniatura, sobre todo en Gran Bretaña, que parece que tomaron el relevo a los alemanes en lo que a ímpetu conquistador de mesas de juego se refiere. Citadel, creó Warhammer en 1983 y a lo largo de estos (casi) cuarenta años se ha coronado como el rey de las miniaturas al que todas empresas quieren imitar. Fantasy Flight Games, Privateer Press y Warlord Games le quieren comer la tostada en la edad de plata que nos ha traído la invención de las impresoras 3D.

Pero eso es el presente, y a los historiadores el presente nos importa bastante poco. Si queréis saber más sobre vuestro presente, preguntad a un periodista, no a un historiador.

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