domingo, 2 de abril de 2017

Carrero Blanco: venganza desde ultratumba




Corren malos tiempos para el humor que tenga tintes políticos.

Es un tema espinoso, pero es lo que hay. A día de hoy, no se puede bromear con según qué cosas, lo cual me preocupa porque éste es un blog en el que cada semana me río de un suceso o personaje histórico. Personalmente me parece una idiotez la censura con la que blindan a según qué personalidades.

¿Os imagináis una Alemania en la que está penado con cárcel hacer subtítulos graciosos de la escena del búnker de Hitler en El Hundimiento? Los políticos, como figuras públicas que son, han sido objeto de chistes y bromas durante siglos. La desacreditación pública mediante chistes ofensivos ha sido una herramienta política más a la que se ha recurrido en numerosas ocasiones en las que se ha buscado el desprestigio del oponente.

No me vale la excusa de “es que estás bromeando con algo reciente”. El atentado de Carrero Blanco fue en el año 1973, lo cual quiere decir que han pasado 44 años (a día de hoy). Si no se pueden hacer bromas de un suceso que hace casi medio siglo que ha ocurrido, apaga y vámonos. Pero no hay que sorprenderse. Uno, que es historiador, supongo que por defecto profesional, no puede dejar de establecer similitudes con los hechos que ocurrieron en 1905 con la revista satírica catalana “Cu-Cut”.

Maldito "Cu-Cut", con Mahona no se atreve ¿eh?

La revista publicó una viñeta en la que se insinuaba que el ejército español, después de haber perdido las últimas colonias, desconocía la victoria. Un dibujo inocente supuso el asalto y la destrucción de las oficinas del “Cu-Cut”. Además, Alfonso XIII permitió que los ataques (y cito textualmente) “al Ejército y a los símbolos de la Patria” se juzgaran por tribunales militares como “compensación” por el ultraje.

En el siglo XIX se popularizaron enormemente los “suplementos satíricos ilustrados”. Dentro de esas publicaciones, las caricaturas y dibujos disfrutaron de enorme popularidad  en una sociedad escasamente alfabetizada. Y ahí están las acuarelas totalmente ofensivas de “Los Borbones en Pelota”, de los hermanos Bécquer: unos dibujos que no tienen problemas en poner a la reina Isabel II follándose a un burro. Sí, el mismo Bécquer que estudias como “el máximo exponente del romanticismo español” en el instituto. Si Bécquer hubiera tenido twitter, ahora estarían ardiendo todas las redes sociales. 

Mira a Bécquer qué majico ahí, luego se iba, dibujaba a Isabel II cogiendo algún manubrio con cara golosa, y dormía como un bebé esa noche.

A través del humor se pueden analizar los sentimientos de la sociedad de una época, sus miedos y esperanzas, así como sus decepciones y frustraciones. Que no te quepa duda de que los personajes más odiados serán humillados sin contemplación en los chistes populares. Los abusos de poder siempre han sido contestados con mordacidad, porque el uso del humor como crítica ha sido una rebeldía aceptada socialmente.

Y, en el peor de los casos, cuando se ha carecido de libertad de expresión y se ha blindado a determinadas personas para que no sufran la mofa de sus conciudadanos, se han encontrado métodos alternativos para que la juerga continúe entre líneas. Cuando se terminan las libertades empiezan las metáforas y los simbolismos, y ya lo entenderá quien lo entienda.

Juguemos a un juego: A ver cuántos años le caen a Ibáñez por enaltecimiento del terrorismo con esa viñeta.

Internet y la globalización han conseguido que la opinión de cada uno de nosotros quede fijada en el tiempo y lanzada a la inmensidad de la red de redes. Lo más cercano a las redes sociales que existía hace 20 años era gritar tu opinión muy fuerte en algún parque o plaza concurrida. No es que ahora estemos peor que hace unos años, es que tus cabreos y el humor negro que antes se reservaba para el grupo de amigos pueden ser leídos por cualquier agente de Delitos Telemáticos.

El humor es algo subjetivo, y por tanto no se puede prohibir. Te puede hacer más gracia un chiste o puedes considerar de mal gusto una broma, pero el humor seguirá estando ahí. El humor satírico (no el humor blanco) contiene un porcentaje muy alto de hipérboles hirientes que pueden o no ser ciertas, pero que puede llegar a incomodar u ofender. Ahí está el humor zafio y grotesco, que puede gustarte o no.

Bueno, nos queda el consuelo de que siempre nos tendremos ahí el chiste del perro Mistetas. Porque ¿qué será lo próximo? ¿Prohibir los chistes del General Espartero? ¿Perseguir las bromas sobre José Bonaparte?

A menos que todo haya sido un enorme chiste contado por el Poder Judicial. Es lo que tiene el posthumor.

1 comentario:

  1. Más razón que un santo. Aunque ya te aviso que la justícia esta tan nuestra. Es más partidista que los sicarios de Don Vito Corleone.

    Asi que yo de ti pensaba ya en hacer las maletas, no sea que hayas ofendido sin saberlo, a algún antepasado de alguien.

    Si. Esos que vivían en Atapuerca y alrededores....

    Bromas aparte desconocia lo del semanario Catalán Cu-Cut.
    Como Catalán que soy me avergüenza no saberlo. Y te estoy agradecido por habérmelo hecho descubrir.

    Un saludo.

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