domingo, 20 de enero de 2019

Esparta no mola





No me puedo creer que no haya hablado de una de las cosas más conocidas de la Edad Antigua. Pero si el buscador de mi propio blog está bien y no me la ha jugado, parece ser que no he hablado de Esparta, pese a que, junto con la Segunda Guerra Mundial, es el A-B-C del historiador aficionado.

Puede que empieces a sospechar algo leyendo el título de la entrada de esta semana. Si eres de esos que piensa que los espartanos son hombres ultramusculados en taparrabos y capa roja, te recomiendo ENCARECIDAMENTE que no sigas leyendo. Por tu bien y por el mío, que luego no quiero comentarios de gente que no comprende el refinado humor estúpido de este blog.

De hecho, Esparta en sus primeros momentos no es que fuera demasiado buena en materia militar. Laconia, que era el territorio donde habitaban los espartanos, no era muy rica en tierras de cultivo, así que en el 750 a.C. invaden los campos de cereal de sus vecinos de Mesenia. Y los mesenios les dan cerita.

Frank Miller, desde el corazón del infierno yo te maldigo.

Esto es porque Esparta no había adoptado el sistema hoplítico y algunos detalles militares menores, pero eso. Que una polis de la que nadie se acuerda les dio p’al pelo a los espartanos, y es algo tan dulce que es digno de ser denunciado por los brasas de  sinazucar.org. También es cierto que 100 años después los espartanos vencieron y se quedaron con todo ese maravilloso cereal para sus desayunos ricos en fibra, pero eso no tiene mérito.

Y además en la sociedad espartana no era soldado todo el mundo. Como en el resto de la Grecia Clásica, el grueso de la fuerza militar se componía de ciudadanos-soldado (con buen equipamiento e instrucción militar) y luego ya, si eso, había levas de auxiliares (armados con lo que podían y con peor adiestramiento). Esparta no estaba habitada por vigoréxicos apasionados del hoplon. Siento romper vuestros sueños más húmedos.

Roberto el hilota.

Socialmente estaban los espartiatas, los periecos y los hilotas. Los primeros eran los ciudadanos de pleno derecho, la gente guay y a la que se le permitía la vida política, el chaval popular del instituto del que todo el mundo se quiere hacer amigo. Los segundos estaban un poco más debajo de la escala social, eran mayormente comerciantes y artesanos que necesitaban los primeros (porque no hay nada peor que marchar a la guerra y descubrir que tu escudo no estaba pintado a la moda). Finalmente estaban los hilotas, que eran los mierdecillas de la escala social, los pobres fulanos que llevaban los campos y los trabajos que nadie quería, el equivalente a los masillas de los Power Ranger.

“Pero, el Rey Leónidas”. Amigo mío, acabas de abrir un melón interesante. Como muchos de las instituciones políticas de la Antigüedad, la monarquía era colegial, lo que significa que había DOS reyes a la vez. Más que nada para que se moderaran el uno al otro y el rey no hiciera lo que le saliera de la polla. Y el rey no era un rey al uso, era más un comandante militar que lo que conocemos como “rey” actualmente.

Cleómanes, Aristophonos, Aetos el Lacedemonio, Soterios y Laertes, reunidos en la gerusía.

El papel del rey, en Esparta, estaba limitado por la gerusía, que era un gobierno de ancianos. En contra de lo cuqui que pueda parecer, dejar el gobierno a yayos no es una buena idea. En la práctica, un puñado de abueletes cascarrabias no es la manera menos conservadora de ver las decisiones políticas, lo que hacía que la sociedad espartana fuera TREMENDAMENTE conservadora y cerrada a la innovación.

Lo que nos llevaría a la Batalla de las Termópilas y el desastre que supuso ser tan cabeza cuadrada y no tener flexibilidad táctica.

Pero eso es para otro momento, que esto se está alargando peligrosamente y si me meto a hablar de las Termópilas va a ser un no parar.

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