lunes, 4 de octubre de 2021

Este volcán está que arde

 


Esta semana, aprovechando lo del volcán de La Palma, os voy a hablar de Pompeya. ¿Que qué tiene que ver una cosa con la otra? Pues que en Pompeya, todo el mundo la palma. ¿Lo pilláis? ¡LA PALMA, como la isla! Si no os gusta, ese va a ser el nivel, no me arrepiento de nada.

El 24 de agosto del año 79, en una semana muy de fiestas patronales para los pueblos, se produce una erupción del Vesubio que la lía pardísima y cumple los sueños húmedos de muchos arqueólogos. Y de bandas criminales que se dedican a saquear el yacimiento cuando cae la noche, pero centrémonos en la gente que no tiene una cicatriz en la cara o que te hacen ofertas que no puedes rechazar.

La mayoría de información se ha conseguido mediante la arqueología, pero también daba la casualidad de que por la zona estaba Plinio el Joven, científico, escritor y brasas profesional de la Roma Clásica. No confundir con su padre adoptivo, Plinio el Viejo, que murió por respirar lo que no debería respirar (gases nocivos del volcán, que a quién se le ocurre hacer eso).

Plinio el Joven viendo la erupción desde su villa de Miseo y escribiendo sus famosas palabras a su amigo Cornelio Tácito: "hay tiempo de comer, hay tiempo de comer sin problema".

Cabe decir que Pompeya no fue cubierta por la lava, eso fue Herculano. Al romperse el cono del volcán y comenzar a salir colada piroclástica (gracias, clases de Conocimiento del Medio de primaria), la lava comenzó a fluir hacia el mar, hacia el puerto de Herculano, y no hacia Pompeya (que estaba más en el interior). Así que no, no hubo lava por las calles de Pompeya. Tengo que romper la visión que todos nos hacemos cuando tenemos 12 años de lo que ocurrió.

Lo que si pasó es que comenzó a caer ceniza. Ceniza suficiente como para impresionar a la persona que limpia un club de fumadores. Hasta tres metrazos de cenizas de diferentes calibres y piedra pómez, que aunque son ligeros al final pueden colapsarte un tejado y aplastarte, porque la ceniza es así de vengativa. Dicho de otra forma: ¿te crees que quedándote en casa vas a evitar que se te manche la túnica de esa ceniza fina? Amigo, amigo, amigo…

Debe ser duro que tu fetiche erótico sea la ceniza y te pille una erupción volcánica.

Y además de las cenizas tenemos las bombas volcánicas que, como su nombre indica, pueden ser peligrosas. El nombre puede llevar un poco a confusión, porque no es que exploten ni tienen que ver con ninguna canción del verano, mas bien son trozos gordos de roca volcánica semifundida. Aunque no explote, un palmo de roca volcánica semifundida en la cara no es agradable.

Y luego le siguieron las emanaciones de gases poco saludables y las nubes ardientes que barrieron concéntricamente la zona. Si tu techo había aguantado, no te había caído una bomba volcánica en la cara, los gases no te habían asfixiado y estabas corriendo para ponerte a salgo, aun había posibilidades de que te alcanzara una oleada de caloret que te convertía en torreznos al instante.

No, Vesuvius, you can't pet the dog.

Muchas de las víctimas cayeron en donde se habían refugiado, como quien llueve, y esperaban que escampara un poco para ponerse a salvo. Miles de cadáveres quedaron sepultados en capas de ceniza, congelados en las acciones que estaban llevando a cabo en sus últimos instantes de vida, y eso incluía “saquear las casas de la gente que ya ha huído”.

Pero somos una sociedad avanzada, y ahora ya no nos pillan con la guardia baja. Sabemos lo peligroso que es un volcán y tenemos protocolos de evacuación que ponen a salvo a la población, alejándola de la zona de peligro.

A no ser que seas periodista.

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