domingo, 22 de septiembre de 2019

Ese convulso mes de septiembre




El once se septiembre ocurrieron un huevo de cosas. Finalizaba la batalla de Teutoburgo, que hacía desaparecer a un par de legiones romanas y empezaba la moda entre bárbaros germanos de llevar equipamiento romano. Ese mismo día es famoso porque hubo un atentado terrorista (o quizá debería decir EL atentado terrorista) en Nueva York y marcó un antes y un después en la historia de Occidente. También un once de septiembre ocurrió nosequé con Cataluña.

Pero hoy no vamos a hablar de nada de eso. En el día de hoy vamos a viajar a 1973, Santiago de Chile.

El inicio de la década de los años setenta había sido durillo para Chile. Sumido en una fuerte convulsión social y una economía “no-demasiado-brillante” el país no era precisamente que digamos un ejemplo de estabilidad, en un subcontinente en el que existe demasiada afición por los gobiernos autocráticos.

Sudamérica: el Marina D'Or de las dictaduras.

En 1970 Salvador Allende accede democráticamente a la presidencia chilena, siendo el primer marxista que sube al poder por el voto y no por una guerra civil/golpe de estado. Esto, en el contexto de la Guerra Fría, puso tremendamente nerviosos a los Estados Unidos, que empezaron a buscar una forma de poner fuera de juego a Allende antes incluso de que ganara las elecciones.

Por eso en 1973 se intenta dar un golpe de estado con blindados (denominado muy gráficamente “el Tanquetazo”). Spoilers aparte, acabó en fracaso y los responsables fueron depurados de sus funciones en el ejército. Pero más bien habría que decir “fracasó, pero no mucho” porque apenas tres meses después venían los acontecimientos del 11 de septiembre y el golpe de estado de Augusto Pinochet.

La versión antropomórfica de Polonia a principios de 1939.

En realidad el Tanquetazo había servido para medir las fuerzas gubernamentales y la capacidad de oposición de las milicias de izquierda en caso de conflicto abierto. El ejército cerró filas y empezaron los contactos para encontrar un apoyo cohesionado a un futuro golpe de estado a escala nacional, que es lo que ocurrió en septiembre. En definitiva, los golpistas chilenos habían superado el tutorial del videojuego con éxito y ya sabían cómo funcionaba la cosa.

El día 11 de septiembre comienza con la marina chilena tomando las calles de Valparaiso. Así, sin lubricar ni nada. Sales a comprar y te encuentras de repente a un montón de infantes de marina tomando posiciones en la calle, y tú sin poder ir a la frutería del cuñado de tu vecina a por plátanos porque los soldados han declarado el estado de guerra sin tener en cuenta tus necesidades de potasio.


A ver, vista esta foto ¿a alguien le sorprende que Pinochet hiciera lo que hizo? Si sólo le faltaba cambiarse el nombre por Malo Malvadez.

En Santiago, la capital, Allende se hace fuerte en el Palacio de La Moneda. Por ahora ignoran la magnitud del golpe, y Allende incluso cree que Pinochet está de su lado,  cuando los carabineros o el ejército estaban anulando a las principales células de resistencia antes incluso de que empezaran a coordinarse. No sospechan que es algo más gordo hasta que el Palacio de La Moneda es rodeado por tanques.

De hecho, el Palacio de La Moneda no solamente fue cañoneado con tanques, también fue bombardeado por aire y, después de ser reblandecido con bombas, asaltado posteriormente con infantería. Gracias a lo cutres que fueron los golpistas, y debido a los progresos técnicos, se pudo conocer las conversaciones privadas por radio que se hicieron entre oficiales sublevados. Y entonces te das cuenta de la suerte que tuvieron y lo chapuceros que eran. Porque hablar en un canal abierto de matar al presidente y pedir que pareciera un accidente es de chapuceros.

Finalmente, desbordado y rodeado, Allende se suicidó disparándose con su propio AK-47. Su dramática muerte pasó a ser un ejemplo de cómo EEUU se entrometió en la política interna de países iberoamericanos. Pinochet, por su parte, logró lo que otros dictadores no han conseguido: tener un álbum de Mortadelo y Filemón caricaturizándolo.

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