domingo, 21 de febrero de 2016

Khevsur, un anacronismo viviente



De vez en cuando te encuentras, de una forma no muy clara, con culturas fascinantes de las que ignorabas totalmente su existencia. Aunque ya de por sí, en el mundo globalizado en el que vivimos, es raro encontrar pueblos con tradiciones y culturas claramente diferenciadas, los Khevsuretis (aunque no estoy muy seguro de que ese sea el nombre oficial) son los que más me han gustado.
Para ser sinceros, los Khevsuretis me han enamorado.

La civilización Khevsur está situada en la república de Georgia (la Georgia del Cáucaso, en la frontera entre Rusia occidental y todas esas repúblicas musulmanas que acaban en “–stán”) y tenían una visión revolucionaria en cuanto al concepto “retro” se refiere: les gustaban las cotas de malla, almófares, espadas y escudos… en el siglo XX.

De hecho, los ciudadanos de Tblisi  se levantaron una mañana de 1915 y vieron por sus calles un desfile de caballeros armados con cotas de malla, espadas, escudos y rifles obsoletos. Venían de una región especialmente remota e inhóspita, en la que las nieves invernales llegan a incomunicar los valles hasta nueve meses enteros. Ellos eran los Khevsuretis y querían luchar por el zar, puesto que habían oído que estaba en guerra.

Unas pintas tal que así. En pleno siglo XX. Chupaos esa, hipsters que creéis que algo con 10 años de antigüedad es "vintage".

Ellos mismos se nombraban los descendientes de un grupo de cruzados que, separados de una fuerza mayor y perdidos completamente, llegaron hace siglos a la zona. Richard Halliburton (un aventurero profesional de esos de principios de siglo XX) se encargó de recoger la colorida historia de estos post-cruzados en los años 30. Dichas tradiciones parecen más una leyenda romántica y folclórica que una investigación, pero se admiten como “punto de partida”.

La religión de estos anacronismos vivientes era una mezcla extraña de cristianismo ortodoxo mezclado con paganismo. Asimilaban símbolos del cristianismo, como la cruz y tradiciones básicas, pero las juntaban con un paganismo en el que se adoraban santuarios naturales en las montañas en los que se reunían los jefes de las aldeas y se discutían los asuntos importantes. También tenía especial importancia la cebada, que se usaba para fabricar una cerveza ritual que se bebían hasta ponerse ciegos. Y encima, seguro que se justificaban diciendo “es que esto se hacía en la Edad Media”, seguro.

Traje completo conservado en un museo. Si no me creéis a mi, por lo menos creed a un museo.

Richard Halliburton, en su libro Seven League Boots (en el que narra sus andanzas en tierras exóticas), escribía cosas como:

Viendo lo interesados que estábamos en las cotas de malla, el anciano de la aldea seleccionó media docena y me dejó examinarlas y probarme una. El traje completo, incluyendo el escudo y la espada, pesaba alrededor de treinta libras.
[…]
Las cotas de malla originales están terriblemente oxidadas, ya que los propietarios ya no recuerdan cómo conservarlas correctamente. Las cotas de malla nuevas están hechas de cobre robado de los hilos de telégrafo de las vías de comunicación. Son más limpias y ligeras que el acero, pero no ofrecen ningún tipo de protección.
[…]
Para los duelos, que parecen la única forma aceptada de resolver disputas, los participantes se visten con sus armaduras. También pelean por diversión. Como sus antepasados, los caballeros cruzados, tienen verdadera pasión por ponerse sus camisas de anillas y enfrentarse a un oponente con espadas. Luchar, tanto con buen humor como con mal humor, en esta tierra donde los libros son desconocidos y en la que otras formas de deporte o entretenimiento simplemente no existen, es la única forma de expresarse.
El domingo está reservado para emborracharse y retarse a duelos.

Halliburton pasándoselo como un enano en armadura Khevsureti

Como podéis ver, la idealización de los Khevsuretis es total. Halliburton, en su mentalidad de principios del siglo XX, quería una tribu atrasada que, frente a lo progresos de la civilización y la industria, siguiera en un estado románticamente atrasado. Una cultura pendenciera, en la que las disputas se arreglaban a golpe de espada, como en los viejos tiempos. Richard Halliburton incluso creyó reconocer palabras en francés y alemán en el dialecto que hablaban esas gentes.

Lo cierto es que se conservan cotas de malla provenientes de la zona. Hay estudios etnográficos serios de la Aenciclopedia Británica y de eruditos rusos del siglo XIX y principios del XX en los que se habla del gusto de estas gentes por las prendas anacrónicas y la importancia de los duelos en esa sociedad. ¿Qué es real y qué es ficción creada por Halliburton para crear un colorido relato de aventuras? Desgraciadamente, nunca lo sabremos: estos tíos tan majos ya no existen porque a la URSS no les encajaban con sus planes de arquitectura social.

Alegres lugareños. Para ropa decente y actual no tenían, pero para fumar tabaco en pipa, si. El vicio es el vicio.

En 1951, las tribus del Cáucaso con tradiciones propias “un tanto problemáticas” respecto a la doctrina comunista fueron sentenciadas a un éxodo forzado.  Posteriormente se fueron asentando en otras tierras, siempre y cuando se hubieran aculturado a la sociedad moderna. La pobreza de las tierras y la escasa relevancia demográfica hicieron que la cultura de estas gentes nunca se recuperara.


Los descendientes actuales se basan en las fuentes de principios de siglo para reconstruir una cultura rota.



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