domingo, 6 de abril de 2014

De sexo y romanos


Los romanos eran maestros de las excentricidades sexuales. Desde el punto de vista de la moral cristiana extendida por occidente, sus costumbres relativas al sexo nos parecen costumbres fuera de lugar. La naturalidad con la que se exhibía el pene en la cultura romana es chocante para la pudorosa cultura cristiana, en la que todo lo relativo al cuerpo es un tema tabú.

Y no me estoy refiriendo solamente al sexo: en las ciudades romanas eran normales las letrinas públicas porque aparte de ser un lugar en el que cagar era un lugar en el que cerrar negocios, comentar chascarrillos o simplemente sociabilizar. Para los romanos no hay nada entraño en que dos extraños caguen codo con codo de la misma forma que hoy en día no hay nada extraño en sentarte al lado de un completo desconocido en el autobús.

La sociedad romana era extraordinariamente abierta en cuanto a orientación sexual, prostitución y adulterio. Desde representaciones fálicas o vajillas con escenas picantes hasta la propia mitología, todo tenía reminiscencias de una escandalosa sexualidad activa. Sin ir más lejos, ojead la entrada relativa a San Valentín para haceros a la idea del tipo de religiosidad romana.

El trenecito romano del amor. Próxima parada: tu cama.

Y es que en la Antigua Roma no existía el concepto de “pecado”, la homosexualidad estaba vista con la misma naturalidad que la pederastia (aunque la población tampoco es que llegara a vivir mucho). Las relaciones homosexuales eran válidas, pero había diferencia entre activo y pasivo, siendo considerado este último como un hombre sometido y femenino. 

Aquel ciudadano romano que obtuviera placer al ser penetrado sería visto con recelo y desdén por sus semejantes. La buena noticia es que los extranjeros y esclavos se escapan a esta doble moral porque no son considerados personas ¡Aprovéchate del vacío legal!

Un trípode con brasero, ideal para colgarles las prendas que necesiten secarse a su calor.

En las calles de Pompeya (el mejor ejemplo que se nos ha conservado) unas losas con penes nos indicaban la dirección del lupanar de una forma nada disimulada pero bastante orgánica. No estaba mal visto llenar el pavimento de la ciudad de penes pero sin embargo esa doble moral obligaba a esconder de la vista (pero tampoco mucho, no vayamos a perder clientes por el camino) el burdel.

La prostitución estaba mal vista por la sociedad pero eso no impedía que los romanos echaran una canita al aire de vez en cuando ni que las prostitutas estuvieran censadas y pagaran impuestos. En un imperio tan grande como el romano, los burdeles estaban abastecidos de mujeres (y hombres) de todos los sabores. Las variedades de prostituta eran enormes: desde la cortesana de lujo para los patricios más adinerados (delicatae) hasta aquellas que lo hacían sin regulación alguna por una miseria (diobolariae).

La prostitución romana estaba sumamente especializada. Desde las bustuariae (especializadas en ofrecer sus servicios en cementerios), fornicatrices (que ejercen debajo de un fornix, arco para los amigos, y muy demandadas por los gladiadores), forariae (aquellas que se ofertan en los caminos rurales que llevan a Roma, que según dicen, son todos)… cualquier gusto, por extraño que tuviera el cliente, podía ser satisfecho.

Como lo han hecho romanos de hace 2000 años, es arte. Si lo haces tú ahora es de mal gusto.

Los patricios acostumbran a tener representaciones de penes y vaginas como símbolo de fertilidad y salud (lo que lleva a amasar panes y a utilizar botellas con forma fálica). Todas las urbes tienes motivos que hoy consideraríamos obscenos. Mosaicos en los suelos de escenas pornográficas, pinturas explícitas en los aposentos más resguardados y graffitis en las paredes.

Aunque mucho me temo que hay cosas que no han cambiado, y basta con entrar en el baño de cualquier gasolinera para disfrutar de todo un catálogo de pollas, dibujos obscenos y teléfonos seguidos de la especialidad amatoria de sus dueñas (y dueños).


1 comentario:

  1. La homosexualidad no es algo que sólo esté mal visto bajo una moral o cultura cristiana, islámica o judía(abrahámicas) sino bajo practicamente todas las religiones.
    El budismo siente indiferencia por el sexo como algo mundano, las religiones animistas , taoismo o el hinduismo tampoco bendicen la homosexualidad precisamente.

    En la Roma de la república y de los primeros patricios(plenamente indoeuropea culturalmente hablando) nada de esto está bien visto. Los grafitos de Pompeya pertenecen a la época del imperio, época en la que la decadencia de Roma ya está comenzando dado el cosmopolitismo, la extensión de la corrupción, el "capitalismo" globalizado romano de la época, la concentración urbanita de la población en cada vez mayor medida... decadencia en definitiva.

    ResponderEliminar