lunes, 2 de abril de 2018

La muerte de Stalin (el análisis)



Tal y como prometí la semana pasada, fui a ver la película “La muerte de Stalin”. Y no me arrepiento para nada. Joder qué risas.

Obviamente va a haber algunos spoilers que no tendrían por qué ser spoilers si conoces lo que ocurrió en la Historia. Las líneas argumentales respetan más o menos hechos reales aunque los exageran y distorsionan hasta alcanzar un esperpento que haría las delicias de Valle-Inclán. Los chistes son buenos y funcionan aunque te los cuenten mil veces, así que eso no debería preocuparos demasiado.

Tengo que reconocer que a lo mejor abusa demasiado de las bromas sobre purgas. Pero es que hacer una película sobre la Unión Soviética y no hacer chistes sobre purgas es como hablar de chistes clásicos y no contar el chiste del perro Mistetas. Hay que honrar a los clásicos más básicos del humor.

En “La muerte de Stalin” los chistes sobre purgas son los cimientos sobre los que se levantan el resto de chistes: chistes visuales sobre purgas, chistes sobre purgas entre los miembros del politburó, chistes sobre purgas en gulags, chistes sobre purgas en la población civil, chistes sobre purgas para silenciar a testigos… la lista sigue y sigue.

Pijus Magnificus está un poco mayor.

También tienes chistes sobre paranoia, íntimamente ligados a los chistes sobre purgas. Más o menos funciona como un bocadillo: entre chiste de purga y chiste de purga tienes un chiste sobre la paranoia. Es la paranoia la que empuja a los protagonistas a apuntar si Stalin se ha reído de tal o cual broma, de hacer alianzas  o de sospechar de amigos. Hay una escena en la que la conversación es algo así:

-         -  ¿Y si Stalin se recupera y descubre que le ha tratado un mal médico?
-         - Bueno, si Stalin se recupera quedará demostrado que el mal médico no era malo, y si no se recupera Stalin nunca se enterará que le ha tratado un mal médico.

Pero si los chistes sobre purgas no te hacen gracia, siempre te quedan los chistes sobre intrigas políticas. Manipulaciones y alianzas entre personajes patéticos y exagerados. Políticos que sólo buscan alcanzar mejores asientos al mismo tiempo que salvan su propio pellejo. Sátira política en su máxima expresión que tiene su punto álgido en el esperpento político-social que ocurre en el funeral del propio Stalin.

Después de la Purga de los Médicos, estos son los mejores médicos de todo Moscú. Su excelencia se les ve en la cara.

Siguiendo con los chistes políticos, en cierto momento Molotov está dando un discurso ante todo el politburó: las ambigüedades que utiliza y las alusiones a la “verdadera lealtad” hacen que a lo largo del discurso el resto de miembros secunden o rechacen la propuesta por miedo a discrepar con él.

Luego tienes las bromas que tienen como objetivo desacreditar a los principales personajes, en especial los que giran en torno a la desacralización del líder. Cuando le da el chungo, Stalin se mea encima y hay toda una conversación acerca de ello. Malenkov es caracterizado como un pelele, con una personalidad que roza la inocencia infantil y que es manipulado por diferentes miembros del politburó para servir a los planes de unos u otros.

Detrás de todos esos chistes hay una dimensión siniestra y oscura para el que sepa dónde mirar. “La muerte de Stalin” tiene referencias a los aspectos más macabros y sombríos de la historia de la URSS: el personaje de Lavrenti Beria, el mandamás de la policía política de la URSS.

¡Todo el Comité Central unido! (es lo que Stalin habría querido)

Voy a decirlo rápido porque me estoy quedando sin espacio: Beria era un tío siniestro y tremendamente mujeriego. En varios momentos de la película Beria hace comentarios sexuales sobre distintas mujeres y podrían quedarse en eso, una simple forma de retratar los excesos de un dirigente corrupto, pero hay una dimensión aterradoramente real en todo el asunto. Beria aprovechaba su posición de poder y no paraba hasta conseguir las mujeres que quería.

El final no debería sorprender a quien sepa algo de Historia: después de numerosas intrigas políticas Kruschov alcanza el poder, Malenkov fue apartado del Presidium y Beria ejecutado en condiciones poco claras. El plano final con la sonrisa de Brézhnev es magistral.

La película es una exageración cómica de muchos aspectos de la vida política de la Unión Soviética. Pero quien la vea debe saber que la realidad no debió ser muy diferente a lo que muestra “La muerte de Stalin”.

Me gustaría acabar con una broma, porque estoy orgulloso de mi blog, pero eso sería una muestra de narcisismo no autorizado.

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